¿Un nuevo ágora?

 

 Gonzalo Gamio Gehri

Dos imágenes dominan el horizonte abierto por la filosofía política clásica. La primera es la descrita por la alegoría de la caverna de Platón, el retrato de un mundo sumido en la confusión y el prejuicio, una humanidad que vive entre las sombras hasta que el filósofo inicia su camino hacia la luz, cuyo resultado permite que cada cosa sea vista y revele su lugar en un orden mayor de significados. La condición inicial del ser humano es aquí la de una criatura cautiva en una red de apariencias  tejida por los sofistas y los tiranos, que manipulan su conducta imponiendo a los prisioneros una concepción falsa de la realidad y de sí mismos. La liberación de estas ataduras pasa por la parificación del pensamiento, que abandona por fin  las opiniones y se dispone a conocer lo que en sí mismo constituye lo que es bueno y mejor para la vida.

 

 

La segunda imagen corresponde al ágora, el espacio público que convocaba a los ciudadanos atenienses a discutir en torno a la justicia y a la calidad de las instituciones políticas. Más precisamente, el Areópago, otrora lugar de culto a Ares y a la violencia, que se convierte finalmente por obra de los hombres en el escenario de las asambleas cívicas y en la sede de los tribunales. Se trata de un espacio para el discernimiento público, para el libre intercambio de argumentos que orientan nuestra vida común. Se trata de forjar consensos racionales y provisionales, tanto como expresar disensos racionales que puedan ser fructíferos para el debate y para la defensa de las libertades. El objetivo es producir la metánoia (el cambio en el modo de pensar y de sentir) entre los agentes políticos.  Esta clase de práctica dialógica también está expuesta a la manipulación – qué duda cabe -, pero no disponemos de un saber de privilegio (“objetivo”) para denunciarla. Se la desenmascara in situ, merced a las habilidades dialécticas y al ejercicio del espíritu crítico de los participantes. 

 

  

A pesar de la profundidad y el heroísmo de la primera imagen, siento mayor afinidad por la segunda. Pienso en el tribunal que absolvió al príncipe Orestes, y lo libró del yugo de las erinias, servidoras de la justicia cósmica y divinidades de la venganza. El ágora simboliza el locus de la racionalidad pública, de la justicia que hemos fundado los seres humanos gracias a nuestra capacidad de entendimiento común. El proceso de deliberación y construcción del juicio político es también de tipo correctivo - promueve el esclarecimiento de los problemas, la conversión de los “prejuicios” en “juicios” -, pero no postula un camino ascendente que (al menos en la interpretación tradicional), supondría el abandono de la perspectiva del mundo ordinario, sus afanes, sus conflictos. El diálogo que se cultiva en el ágora pretende ser horizontal; la verdad y la justicia que se pretende conquistar son inseparables de la experiencia encarnada de la discusión y la acción política. Parafraseando a Michael Walzer, la caverna platónica es un escenario del que no debemos salir; es un mundo que debemos saber habitar.

 

La segunda imagen celebra la idea de ciudadanía, la capacidad humana de actuar en concierto conforme al cultivo de la deliberación.  En un mundo como el actual - para el cual la proyección del comportamiento económico y la razón instrumental hacia todos los rincones y facetas de la vida se ha convertido en una suerte de “sentido común” – la vindicación de la acción cívica constituye en una fuente de reflexión crítica especialmente valiosa. Nos invita a buscar lo que nos involucra en actividades cooperativas, y no sólo aquello que nos convierte en meros agentes competitivos, concentrados en el logro de intereses privados. En el plano político, nos convoca a buscar interpretaciones que no se agotan en aquello que se declara o relata desde los medios de comunicación. Nos anima a organizarnos para construir opinión pública, fiscalizar a nuestras autoridades, y vigilar que el poder se distribuya, y no se concentre en pocas manos.

 

Me he preguntado muchas veces si Internet constituye un escenario propicio para el surgimiento de una suerte de “nuevo ágora” y si concretamente los blogs constituyen espacios públicos de esta clase. La respuesta es compleja, sin duda. De un lado, la red hace posible que las opiniones se contrasten y se configuren casi en tiempo real, lo cual fluidifica la constitución de una esfera de opinión pública que incluso trasciende las fronteras nacionales. Por otro lado, ella permite que el número de interlocutores en la discusión se incremente notablemente, en contraste con décadas anteriores, en las que los llamados “líderes de opinión” formaban una élite compuesta por los políticos, otras autoridades sociales, y los periodistas e intelectuales que colaboraban con los medios de comunicación de masas. Hoy el usuario de un blog puede someter a crítica las declaraciones de estos personajes, o introducir un nuevo item en la agenda de la discusión.

 

Sin embargo, el tema también cuenta con algunas áreas oscuras. El acceso a la comunicación virtual está restringido, lo cual dificulta que mucha gente en condiciones de precariedad económica pueda intervenir como ciudadano en los debates sobre asuntos de interés común. De otro lado, no existe en nuestro medio una cultura de la argumentación, que valore especialmente la construcción de consensos, o que admita la discrepancia como algo valioso. La década de los noventa trajo consigo el pathos del ‘destape farandulero’  - que ha intoxicado al propio periodismo – y la lógica violenta del reality show como técnica (y “retórica” para) el tratamiento de los conflictos. El abuso del anonimato tiende a distorsionar la dinámica de la conversación. Aún con todas estas limitaciones, Internet contribuye a configurar un espacio amplio para la reflexión y la crítica. Depende de nosotros que algún día los espacios que ofrece la red puedan transformarse en una forma de ágora. 

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Limo: El ágora en cualquier lugar
16-09-2009
Yo pienso que en cualquier época se ha podido ver a un recipiente medio lleno o medio vacío. Quiero decir que en los blogs, como en cualquier otro medio de comunicación interactivo, podemos ver defectos y oportunidades. Lo especial de encontrar sus oportunidades es que las construimos sobrellevando las dificultades y los limitados recursos con los que contamos. A mi parecer, entonces, es más importante la predisposición con la que actuamos cuando nos pensamos como un colectivo que busca un bien común y que se deja llevar por el diálogo, por sobre la importancia de los formatos, porque la concretización de la potencialidad de esos formatos no recae sino sobre nuestra acción. Esta puede parecer una perspectiva ingenuamente optimista o solo elevadamente ingenua, porque perecería que las limitaciones no importan y que da lo mismo usar los intimistas blogs, o el abreviadísimo twitter, o los horizontales foros de discusión, o incluso no escuchar más que a una opinión pública contada desde un solo lado privativo. Pero esto no es así: siempre queda el criterio de que la participación ciudadana sea efectiva. Me refiero a que un medio debo ser un buen espacio para proponer temas de interés público y para deliberarlos en base a una buena argumentación. Y creo que por Medio ya no podemos entender solamente al blog o al foro, sino también al organizador: a aquella persona detrás de las propuestas que sirve de canal y filtro para una exposición correctamente delimitada, y que además invita a la deliberación. La participación, entonces, se puede dar sobre un terreno ya marcado sobre el cual podemos aterrizar o no, según nuestros intereses, para asentir o disentir o solo para aprender de lo que leemos. El organizador es un elemento presente tanto en los blogs como en los foros, y caer en relaciones restrictivamente horizontales en el debate en el internet es desconocer la originalidad y la creatividad de ciertos aportes. Todo esto puede sonar demagógicamente incorrecto, pero me parece que la figura de alguien que abre una discusión y luego se vuelve otro participante más del diálogo de todos es un justo medio entre el filósofo que se adentra en el caverna virtual para arrojar luz sobre los encadenados a las sombras del internet y el estado de naturaleza que parece haber en los sitios web donde impera la anarquía del anonimato.

Gonzalo Gamio: Respuesta a LuchínG
14-09-2009
Exactamente. Pretender salir de la condición humana y de su perspectiva encarnada es una vana ilusión. Saludos, Gonzalo.

César: Internet o el ágora
11-09-2009
Creo que influyen mucho los formatos estructurales de los espacios virtuales. Me refiero a los diseños. Nótese que una discusión iniciada en la sección comentarios de un blog suele ser una discusión condenada al olvido debido al fluir de posteos y a su dificil ubicación en la red. Lamentablemente, los blogs han terminado por convertirse en la via exclusiva que usan los intelectuales al momento de adentrarse en la internet. Un blog suele parecerse más a una publicación personal, a un diario, es su esencia. Entonces, ¿cuál podría ser el equivalente virtual del ágora, si lo pensamos como un espacio público de discusión? Sin duda yo digo que se trata de los foros de discusión, abundantes en la red, y en los que ninguna de las partes suele ser más expuesta que otra. Pero, como digo, en estos foros la ausencia de intelectuales preparados es lo normal: el ágora significaba la presencia de los filosofos y el pueblo, que los primeros se mojen y se atrevan a dar sus opiniones en los espacios más abiertos posibles, entrar en contacto con los demás. Realidad muy distinta la que se ve en la red. El futuro cercano, no obstante, se ve con optimismo. Hace poco nació Twitter, una herramienta de comunicación instantanea realmente impresionante: ya es posible responderle al toque una reflexión a David Lynch o a Slavoj Zizek. El enorme problema es que este sistema limita el número de caracteres a 120 o algo así. Pero, visto el ejemplo, las posibilidades de interacción entre las esferas intelectuales y masivas se abren cada vez más.

LuchinG: La caverna
10-09-2009
Cuando dices que la caverna es el mundo donde debemos aprender a vivir, ¿quieres decir que, dado que somos humanos, es absurdo pensar que podemos ser algo más que eso; que, como somos limitados, creer que en algún momento hemos salido de ella es un espejismo?

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