Humanidades y virtualidad

  

Roberto Lerner Stein 

 

Si hay algo en lo que los seres humanos somos malos, vale decir, en lo que nuestro récord de aciertos es absolutamente lamentable, es la predicción el futuro. Sobre todo cuando se trata de hechos que prueban, luego, tener enormes consecuencias. Lo improbable – muchas veces, supuestamente imposible- que termina ocurriendo, y cuyas olas fracturan las convicciones más sólidas y pulverizan los mundos mejor establecidos, siempre es “predicho” por el espejo retrovisor.

 

Ocurre también con las tecnologías. Ninguna de las que terminaron cambiando el panorama de la sociedad y la manera misma en que los humanos nos concebimos, fue evaluada de manera objetiva y adecuada en sus inicios. Lo que se aplica a esa ayuda para mejorar la audición que quiso ser el teléfono, rige también para la imprenta. Ni Gutemberg – un herrero-, ni Bell – un especialista en locución, cuya madre y esposa eran sordas-, tuvieron la más mínima idea de lo que significarían sus inventos. Igual con Internet.

 

A la computadora personal tampoco la vieron - ¿no IBM?-, pero la algarabía que causó su generalización no ha tenido tanto impacto. En una encuesta sobre la influencia de distintos inventos, quedó empatada en sexto lugar junto con… la secadora de pelo. Con ella pudimos hacer más rápido lo que hacíamos antes, nada más. Prueben regalarle a alguien una sin conexión a Internet y entenderán lo que quiero decir.

 

El universo virtual, la red de redes, que tampoco nadie apreció en sus inicios, anteriores a lo que muchos piensan, pues constituyó un universo militar y académico varias décadas, lo está cambiando todo. La noción de lo humano y, claro, las Humanidades.

 

Éstas están marcadas por el texto, el texto escrito y, por lo tanto, la lectura y la escritura, a pesar de excelsas oposiciones, desde la antigüedad grecorromana. A pesar de ello, las Letras, no es casual el término, mutaron, no sin sobresaltos (¿recuerdan El nombre de la Rosa?), del rollo al libro, de la caligrafía a la imprenta. Pero, de hecho, la producción intelectual, la que se expresa en la palabra, fue adquiriendo una materialidad independiente de su productor.

 

Las Humanidades, entonces, llevan consigo el signo de la secuencialidad, la linealidad, la autoridad, la unilateralidad de la fuente, el aprendizaje lento, la jerarquía. No que ninguno de esos rasgos no haya sido cuestionado por los humanistas, pero, en líneas generales, han sido y son predominantes.

 

El mundo virtual está, para bien y para mal, cambiando eso.

 

El espacio internético es plano en cuanto a jerarquías, no admite un poder consagrado y más o menos institucionalizado, es interactivo, la imagen y el sonido recuperan centralidad, no es lineal, es ubicuo y esencialmente saltarín.

 

Hay tres aspectos en los que está impactando en lo que podríamos llamar cultura clásica y en los quehaceres ligados con ella.

 

En primer lugar, destruye los linderos entre lo serio y lo lúdico. La cultura, por definición, se abre a través de interacciones no necesariamente claras entre esos dos registros, pero en el mundo virtual no es fácil decidir en cuál de ellos estamos, y mucho del saber, no se desliga de un ejercicio a veces compulsivo del placer. Y del placer excitante, estimulante, hiperactivo. El imperio de lo audiovisual, de la rapidez, de la coordinación sensomotora, están haciendo que mucho del aprendizaje y la práctica misma del saber, se parezcan mucho a los videojuegos. Cada vez más gente se pregunta cómo hacer para que los temas de estudio y las maneras en que se presentan, generen la motivación que produce, no Counter-Strike, pero al menos Age of Empires o Spore. Los estudios hechos en los últimos añon, demuestran que los aprendices actuales tienen claras ventajas en una serie de áreas, gracias a los videojuegos, pero también que están perdiendo algunas habilidades en el campo de la abstracción y la conceptualización.

 

En segundo lugar, instaura una dimensión de realidades concurrentes y, esto será cada vez más poderoso con la introducción, gracias a la nanotecnología y la biotecnología, de interfases cerebro-dispositivos, puentes entre el pensamiento y la acción. Como dijo T. S. Elliot, “entre la idea y la realidad, está la sombra” y esa sombra, muy importante en las Humanidades, está siendo alterada, comprimida y cambiada por la virtualidad. Googlear mientras caminamos y basados en la voz y, eventualmente, algunas imágenes recogidas en lentes – teclado y pantalla son, hay que tenerlo claro de una vez, tecnologías transicionales a las que les queda muy poco tiempo de vida- algún concepto, va a ser tan frecuente como tener la salud monitoreada en tiempo real. La subjetividad que se defiende del afuera, una roca fundacional de la modernidad intelectual, va a tener que redefinirse, lo que va a llevar a cambios en la intersubjetividad y la idea misma del Yo que produce y crea las monedas de cambio culturales de los próximos años.

 

Lo anterior conduce al tercer aspecto: la subversión de las relaciones entre lo íntimo y lo compartido, entre lo privado y lo público. Los reality, los concursos en tiempo real, Facebook, están definiendo espacios en los que Yo y no-Yo, Yo y Tú, Nosotros y Ustedes se relacionan de maneras nuevas o, mejor dicho, quizá sea más cierto, vuelven a vínculos pretéritos en registros nuevos. Si Facebook fuera un país, sería el octavo más poblado… y sigue creciendo. Uno de cada 8 matrimonios en los Estados Unidos, se originó en una relación virtual.

 

¿Reemplazará el Blog al texto literario?, ¿será toda creación una suerte de cadáver exquisito?, ¿tendremos en Twitter al sustituto del periodismo?, ¿viene Kindle 2 a desplazar la textura del papel y el ruido que hacen las páginas a medida que avanzamos en la lectura de un libro?

 

El tiempo lo dirá. Probablemente hay una serie de cambios de los que no nos damos cuenta, quizá más importantes que los anteriores, que se operan sin detenerse en nuestras preferencias y rechazos, gustos y disgustos. Las Humanidades, espero, seguirán siendo la elaboración rigurosa y atrevida de lo humano, la curiosidad por las formas que asume y la búsqueda de lo que permanece.

 

 

¡Qué actual es el Quijote! Hay que releerlo. Háganlo y verán que uno de los creadores de lo humanístico – redefinió cada uno de los aspectos que he mencionado en el ingreso a la modernidad desde la Edad Media- se está agitando nuevamente. ¿Será por eso que nos vemos invadidos por tantas versiones modernas de los libros de Caballería? 

 

Regresar a  Los colaboradores y sus textos

Regresar a la Presentación del Dossier

 

 

Participa

Asunto:

Texto:

Tu nombre:

Tu correo:

Inicio | Contacto

.