El instinto de la memoria (2009) de Julio del Valle: tras un pasado siempre presente  Ethel Barja

El instinto de la memoria (2009) reflexiona sobre la escritura como una actividad incesante e insuficiente, que detrás de sí misma siempre quiere decir, escritura, como un lecho fecundo de donde crecen todas las historias y no la historia, que es plural, aún si está concentrada en un solo ser, punto de convergencia de las miradas más inesperadas. Este texto, trata de retratar el tiempo en la escritura, como viéndose a sí mismo, como un espejo frente a otro, multiplicándose incesante en su soledad, como cada uno de los seres involucrados en su ondulante devenir de puro deseo de seguir siendo.  ¿Qué queda frente a él?, queda respeto, irreverencia y mucha desesperación. Cantarle se hace pura necesidad, instinto. Porque cantarle al tiempo no es más que recoger los fragmentos de nosotros mismos, que no sería otra cosa que sumergirse en un reconocimiento de una otredad esencial: ¨He querido, por fin, sumergirme en el caos de voces, cuerpos, aroma y agua¨ (15).

 

Podríamos preguntar ¿por qué ¨la arena en la mano sería una metáfora clara del tiempo¨? (18), frente a lo cual el poemario nos deja responder que mientras más creemos en que el tiempo nos pertenece, inesperadamente nos damos cuenta que le pertenecemos. Esa es la caída, de un ángel, de pronto torpe, de pronto desorientado, a quien le queda ¨sólo recuerdo/ el recuerdo del calor y su pérdida/ la conquista del calor y su pérdida¨ (20), sólo memoria y deseo, que se confunden porque recordar y desear confluyen en la necesidad de contar, de escribir, poetizar la falta, no sólo del pasado que se evoca, sino de lo que fue silenciado: ¨el anciano perro nos devuelve la realidad¨ (23). Sin embargo, el pasado no retorna y puede ser  solamente en quien recuerda, y desde donde este recuerda, porque ¨el pasado es siempre un recuerdo del presente¨ (55), fantasmático siempre, un espectro que se busca sin encontrarse, ante el no ojo divino que pueda dar cuenta de la totalidad de la historia, pues ¨los dioses se han ido y han dejado este vasto horizonte¨ (34). Se trata de la noche del mundo en ausencia de dios, el tiempo de indigencia del que habla Heidegger, tiempo del dios que se ha ido y del que todavía no viene, es decir sin ningún cielo prometido, más que un ¨callado cielo¨, el abismo desde dónde se emprende la búsqueda del rastro de los dioses que huyeron,  que no es otra cosa que la noche de la poesía, y la palabra negándose y deseándose a sí misma en el acto de negarse.

 

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