ENTREVISTA A GIANCARLO POMA

 

 

 

 

 

  Por: Eduardo Marchena Siverio

 

Imágenes de Ricardo Campana Wissar

 

“A un kamikaze se le reconoce, o bien como héroe, o bien como suicida. Casi como a un chiquillo de trece años que le dice a su familia: quiero ser escritor. Pero más aun, como un chiquillo de trece años que se dice al espejo, al borde del llanto: en serio, quiero ser escritor. Y luego sonríe.”

 GIANCARLO POMA LINARES

 

 

 

01/04/2010

Giancarlo Poma Linares, flamante ganador del Concurso de Novela Corta del BCRP 2010 “Julio Ramón Ribeyro”, se prepara para la publicación de su laureada Sonata para kamikazes. Columnista y Editor de Cultura de la revista Puntos Suspensivos, Poma ya saboreó el éxito como narrador con los cuentos que lo hicieron merecedor del tercer lugar en los Juegos Florales FEPUC 2002, el primer lugar en la Bienal PUCP 2003 y una mención honrosa en su edición del 2005. Después de una merecida celebración, el joven autor tuvo la gentileza de compartir parte de su Jueves Santo con Revista Nudo para la entrevista que presentamos a continuación.

¿Si tuvieras que definir a tu novela en una sola palabra, qué palabra usarías? Probablemente, ‘incomunicación’. Creo que es el término más adecuado. “Sonata para kamikazes” es la historia de cuatro jóvenes que, desesperadamente, tratan de decir algo y que dominan todo tipo de lenguajes. Saben de cine, de literatura. A pesar de que tienen muchos referentes, no consiguen expresar aquello que realmente les interesa.

Cuando tenías diez años, tu papá te regaló una máquina de escribir. Si te dio semejante regalo a una edad tan temprana, supongo que ya veía en ti una vocación por escribir o que ya llevabas algún tiempo escribiendo, ¿a qué edad empezaste a escribir? ¡Bueno! Me gustaba leer desde muy chico. Me gustaba contar historias. Mi papá siempre llegaba con un regalo a la casa. Una vez, se le ocurrió comprar una máquina de escribir, pero de las electrónicas...

Lo último del momento, pero eran aparatos de transición entre las máquinas de escribir y las computadoras… ¡Claro! Eran como el “Betamax” de las máquinas de escribir (risas). En esa máquina comencé a escribir.


¿Cuál es la primera obra que recuerdas haber leído? Creo que los cuentos de Bryce en la antología de Alfaguara. Es la primera obra “seria” que recuerdo. Antes de eso sería literatura infantil.

Me parece curioso que no mencionaras “Un mundo para Julius” ¡Bueno! A una edad tan temprana uno no tiene aguante para leerse eso…

Yo leí “El Exorcista” a los ocho años ¿sabes? ¿Sí? (risas)

Volviendo a Bryce, ¿qué es lo que más te gusta de su estilo? A Bryce lo empecé a  leer siendo un adolescente. Lo que me gusta de su estilo es el trabajo del monólogo, el dominio del lenguaje coloquial, el hablar a un tú. A nivel de estilo su obra es muy rica. Por supuesto, cuando era adolescente no me fijaba en esas cosas. Básicamente, me fijaba en el argumento, la historia de un chico templándose de una chica, que era algo con lo que yo me identificaba.

Un tiempo después, a los quince años, descubriste “Rayuela”. Por lo que declaras en una entrevista anterior, por esa época ya comienzas a tomarte la literatura de manera “más seria”… Tan seriamente como se le podría tomar a los quince o dieciséis años…

¡Ajá!, a eso iba mi pregunta. A los quince o dieciséis años ¿qué significaba para ti tomar la literatura de manera “más seria”? Dedicarle el tiempo en el que un chico de esa edad se dedica a descansar, a “huevear”, a ver televisión. Lo que yo hacía los sábados en la tarde era escribir.

¿Hacías horarios? ¡Claro! Hay que ser estricto con los horarios, sino no escribes nada (risas)

¿Desde un principio, ya tenías claro que querías estudiar literatura? Me gustaba la Literatura , pero no pensaba en estudiar eso. Pensaba en una carrera más convencional como Derecho o incluso Medicina.

¿Y empezaste, como muchos, estudiando otra cosa antes de estudiar literatura? Empecé estudiando Literatura. La primera vez que postulé fue para estudiar Derecho, pero no ingresé. Luego mi madre me dijo que estudiara Literatura. Yo ni siquiera se lo había planteado. Simplemente dijo que me metiera a Literatura porque era lo que me gustaba ¡Prácticamente, me obligó! (risas). Fue rarísimo. Lo común es que los padres traten de evitar que sus hijos estudien Literatura. En mi caso como que fue al revés.

Entonces, eres uno de los pocos estudiantes de Literatura que ingresó para estudiar precisamente eso. La mayoría comenzó en otras carreras y luego se cambió. Tus padres te apoyaban, pero ¿qué te decían tus otros parientes, la gente de tu entorno? Me apoyaban, aunque no todos terminaban de comprender mi decisión. Gané algunos premios en la universidad y ellos se alegraban por mí. Claro que siempre está la preocupación de en qué iba a trabajar.

¿Cuál fue tu primer trabajo? En el colegio, en una revista. Tenía una columna como la de Puntos Suspensivos. Era cómica y también algo controversial, casi la censuran.

Entonces, debió ser buena (los dos reímos). Ahora, me gustaría saber cuál consideras que ha sido el mayor aporte de tu paso por la universidad. Qué sientes que ha sido el mayor beneficio que te ha dado estudiar aquí.

Creo que la Católica me ha dado muchas cosas. Los profesores te aconsejan, nos hablan de los escritores, sus historias de vida, nos muestran el proceso creativo de escribir una novela. Además, nuestra universidad ofrece espacios para escribir. Hay un montón de revistas universitarias, hay talleres espontáneos de alumnos, está Punto Edu. Si alguien no escribe en esta universidad, es porque no quiere, no porque no tenga dónde hacerlo.

Entrando al tema de tu novela, “Sonata para kamikazes”, me gustaría saber cuál fue tu fuente de inspiración, tu referente, aquello que te motivó a escribirla. Creo que la mayoría de escritores tienen una novela con un evidente álter ego que narra historias de juventud, de bohemia. Ese tipo de novelas a veces son muy criticadas. Yo  quería quitarme eso de encima, pero quería quitármelo de encima bien. Quería escribir una novela iniciática y que sea una novela digna. Antes de hacer otras cosas, necesitaba escribir “Sonata para kamikazes”.

¿Querías cerrar ese primer capítulo en tu historia como novelista? Espero que sea el primero y no el último (risas). Comencé escribiendo cuentos, pero luego me di cuenta de que en un cuento no iba a entrar todo lo que yo quería decir. Yo tenía un ánimo más voraz. A nivel de argumento, “Sonata para kamikazes” está inspirada en cosas que realmente sucedieron. Cuatro amigos que nos juntamos como cualquier grupo que se reúne un sábado por la noche y sale para Barranco. Pero esa noche fue distinta. Me di cuenta de que los cuatro queríamos decir muchas cosas. Cada uno quería contar una historia propia y muy íntima, pero ninguno podía hacerlo con plenitud. Todos éramos muy amigos pero algo no funcionaba. Por eso decidí escribir sobre todo eso. Sobre el desencuentro, sober la incomunicación. La noche de “Sonata para kamikazes” termina convirtiéndose en el rito de pasaje a la madurez.

Ahora, háblame un poco de estos cuatro jóvenes universitarios. Descríbeme, brevemente a cada uno. Uno es Billy Alva, un estudiante de psicología. Es pequeñito, tierno, de aspecto cándido. Es un drogadicto, pero no deja de ser tierno. Es un “pastrulo tierno” (los dos reímos). Se identifica con Mowgli, El Niño de la Selva. Luego está Alonso Mendizábal. Imagino que alguien pensará que es mi álter ego porque estudia literatura y quiere ser escritor. Él está ahí porque su enamorada se va de viaje sin fecha de retorno y no quiere estar con ella, sino con sus amigos, que tampoco lo son tanto. Estar con ellos no es más que una excusa para no verla. Otro es Oscar Beltrán, un tipo que estudia cine. Él es sórdido, tosco, habla groserías a cada rato, casi como si padeciera Tourette  (los dos reímos). Hace bromas racistas, es un personaje tosco y muy agresivo. Finalmente, está Juan Pablo Adriazola. Él estudia economía y es el “cerebrito” del grupo. Es muy puntual, ortodoxo y siempre está detrás de Beltrán, es como su satélite. Me han dicho que todos ellos son hiper-cultos, que tienen un montón de referentes. Yo creo que, simplemente, son los típicos “sabelotodo” de universidad. De esos que hacen compras compulsivas en el Pasaje 18 de Polvos Azules y escuchan música indie. “Intelectuales-pop”…

Y nunca les falta algo qué decir… ¡Claro!

Ya que hablamos de la realidad y los referentes para la ficción literaria, te haré la misma pregunta que le hice a Juan Carlos Fisher la vez que lo entrevisté: ¿dirías que una buena historia debe reflejar la realidad u orientarse a reflejar la realidad? No. Una buena historia debe contar una buena historia y nada más. Si alguien quiere hablar de un marciano que tiene tres ojos, que lo haga. Una buena historia debe contar algo y debe de tener un mensaje. Aunque ese mensaje oculte un vacío. La única condición es que sea verosímil. Cualquier tontería o “pastrulada” (los dos reímos), pero siempre verosímil y que en su propio universo tenga lógica.

Llevaste el curso de Alonso Cueto ¿no? Sí. Un gran curso y un gran profesor.

Totalmente de acuerdo. Ahora, hablemos de la estructura. Tu novela tiene la de una sonata: Cada capítulo tiene el nombre de un movimiento y cada movimiento tiene una relación con el contenido del capítulo. Sí, así es.

Explícanos un poco esta relación. Yo no soy músico, pero investigué un par de cosas. Yo quería que mi novela tuviera una buena estructura. Confío mucho en la estructura porque creo que sostiene a una novela. Aun los malos argumentos, decía Roberto Bolaño, se sostienen con una buena estructura. El argumento es indispensable, por supuesto, pero nunca está de más ser precavido. Por ejemplo, hay un movimiento que se llama Cadenza. Se trata de un movimiento para un solista. En el capítulo que lleva ese nombre sólo habla un personaje a manera de monólogo. Esa es la relación, solista y una voz. Hay otro capítulo que se llama Scherzo, un movimiento más intenso. En ese capítulo hay mayor tensión. Y así.

Tu siguiente proyecto estará inspirado en el poema de John Milton, “El paraíso perdido”. Lo pensé como una novela corta. En un principio, quería publicar “Sonata para kamikazes” por mi cuenta, pero me animé a presentarla al concurso. El proyecto del poema de Milton es lo que yo pensaba presentar al concurso del BCR. Desistí de hacerlo porque la novela comenzó extenderse y no la conseguí acabar. Ahora es un proyecto mucho más grande y no sé, exactamente, cuándo lo terminaré.

Se trata de una historia violenta al estilo de Tarantino, según tus palabras… Sí.

Otra cosa en la que te puedo vincular un poco con (Juan Carlos) Fisher. También tienes cierta afición por el tema de la violencia. Me gusta mucho Roberto Bolaño. Él maneja temas de violencia, trabaja mucho las imágenes. La novela en la que estoy trabajando tiene como protagonista a Lucifer. Evidentemente, tiene que ser fuerte, sórdida y oscura. Va a tener sangre que salpica por todos lados (los dos reímos).

¿Y te atrae la violencia más que otros temas? ¡Bueno! la violencia ordena el mundo ¿no? (los dos reímos).

¡René Girard dixit! ¡Claro! (los dos reímos). Por supuesto, no puedo decir que lo crea del todo, pero es interesante.

El tema de la violencia es bastante rico. Sí, porque la violencia anda reprimida por todos lados. Es mejor que salga a través de la literatura y no de otras formas.

Correcto. Mencióname a tres escritores fundamentales para ti. Roberto Bolaño, Haruki Murakami y Georges Perec.

Tus tres novelas fundamentales. 2666, de Roberto Bolaño; La vida-instrucciones de uso, de Perec; y Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal. 

Ahora, te voy a mencionar algunos nombres para que me digas qué es lo primero que pasa por tu mente:

Martín Soto Florián. Un gran amigo y apoyo. Él es el tipo de persona con el que se puede tener diferencias, pero con el que siempre puedes conservar la amistad.

Alonso Cueto. Un maestro y amigo. Una persona con una calidad moral enorme.

Ricardo Gonzáles Vigil. Otro maestro. Alguien que te incita a leer, a disfrutar y a ver cosas que no se ven a simple vista.

Cecilia Esparza. Una muy buena profesora y una persona muy accesible, siempre dispuesta a colaborar con los alumnos.

Allison Betancourt. Mi enamorada, la persona que posibilita que yo escriba. Ella es la que me dice que estoy haciendo bien las cosas, pero todavía no me lo creo (risas). Ella es mi aliento.

¿Qué consejo le darías a un alumno que acaba de ingresar a la universidad para estudiar literatura con el objetivo de ser escritor? Que escriba, así de sencillo. Puedes hacer cualquier cosa, estudiar lo que te venga en gana y escribir. Que se divierta y que la pase bien, que viva más para poder escribir mejor.

¿Hay algo que quieras decir para poner punto final a esta entrevista? Me gustaría agradecer al BCR que da oportunidad a los escritores jóvenes de salir a la luz y publicar. También quiero agradecer a los ganadores anteriores que permiten que este premio sea tan prestigioso. Jorge Eduardo Benavides, Lorenzo Helguero, Enrique Planas, son tantos. Me siento muy honrado de formar parte de ese grupo. 

Inicio | Contacto

.