Cuando la literatura se viste de música  Oscar Bocanegra

Sonata para kamikazes, novela del joven escritor peruano Giancarlo Poma Linares ha sido la elegida, por unanimidad del jurado, como la ganadora del “XII Premio de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro”. Se trata de un autor que conoce de premios, pero que anteriormente había saboreado el triunfo en certámenes al interior del campus de la Universidad Católica. Es, además, la primera vez que se publica una obra suya, lo cual trae consigo un doble deleite para él.

 

La novela transcurre en un solo día en la vida de cuatro jóvenes universitarios de La Católica. Se celebra el cumpleaños de Billy Alva, uno de los integrantes del grupo, y quieren pasarlo como lo suele hacer la juventud más sórdida: un poco de drogas, un poco de alcohol, agréguesele sexo y con ello tienen la diversión asegurada. Cada personaje puede tomar el papel protagónico de narrador-personaje, como si se tratara de intérpretes vocales de una orquesta que van turnando su momento, o bien se intercalan en duetos, tríos o cuartetos.

 

Sin embargo, estos jóvenes no son simples sujetos. Cada cual maneja referentes relacionados a su vocación profesional o aficiones personales: cine, la música más legendaria del siglo XX, la literatura, pensamientos de otras interesantes abstracciones de las disciplinas y ciencias del ser humano. Se trata de jóvenes en plena formación intelectual. No estamos frente a tipos netamente marginales.

 

La combinación de lo sórdido con el lado —digamos— cultural en la novela de Poma genera una experimentación lingüística tanto en el plano del narrador omnisciente, como en el plano de los narradores personajes. La dualidad manifiesta en la novela puede ir desde las frases obscenas juveniles más recurrentes, hasta aquellas oriundas de sus referentes culturales más estilizados; y pueden ir aún más lejos, en una combinación de ambas formas —quizás antagónicas— pero que en la novela el escritor las ha trabajado de una manera adecuada, generándose un híbrido lingüístico único y de buena factura. Los personajes de la novela calzan muy bien entre personalidad, lenguaje y visión del mundo. Esa condición es imprescindible para una ficción verosímil: los personajes, si bien son muy diferentes del común, resultan únicos, irrepetibles y originales, más aún cuando tienen como escenario a una Lima palpable de cemento y ladrillos.

 

En muchos cuentos, novelas o ensayos, siempre existió, y aún persiste, el propósito del escritor por hacer entender su concepto de obra literaria relacionándola con algo más tangible y más fácil de comprender. Para muestra un botón, según se dice.

 

Quien haya leído Ausente por tiempo indefinido, cuento del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, notará un detalle particular en uno de los momentos finales de la narración. Como se sabe, Mario el personaje principal, es un aspirante a escritor que decidió darse tiempo y espacio para escribir una novela y nacer como escritor. Una vez que ha concluido la novela se concede un breve descanso, que finaliza con la decisión de iniciar la relectura con afán corrector. Unas cuantas palabras del autor de La Palabra del Mudo, en dicho cuento,  vienen al caso: “Paulatinamente el carácter orquestal de su libro se le fue haciendo patente. Fue identificando los diferentes instrumentos de la polifonía, los temas recurrentes, los cambios de ritmo, los timbres dominantes”.

 

En Sonata para kamikazes encontramos un ejemplo más patente del esfuerzo literario por hacerse una correlación con la música, nuevamente. La obra de Poma apela a una construcción similar a la de una pieza musical conocida como sonata. Pieza musical, por cierto, de carácter breve y compuesta para un par de instrumentos musicales, a diferencia de la narración del autor del cuento mencionado. Los capítulos de la novela toman el nombre de las diferentes partes que componen una sonata. Consta de un Preludio, luego cuatro capítulos: Allegro, Andante Moderato, Scherzo y Rondó, y finalmente una Coda. Véase cómo los capítulos han sido reemplazados por las partes que componen la sonata; como también el prologo y epílogo vienen a llamarse preludio y coda. Más aún, en cada capítulo, la estructura argumental sigue respondiendo a las partes de una sonata. Es una analogía entre música y literatura como sonata a novela corta. La construcción de Sonata para kamikazes, en tanto una sonata, es completísima. Y, además, la novela consigue su propósito de poder asumirse como una orquesta sinfónica en cuanto a la pluralidad de las voces presentes en el texto.

 

En estos días algunos escritores peruanos buscan lo experimental, romper con estructuras y caminos trajinados hartamente. Ya hemos visto obras de narrativa en la que se lee cada capítulo como si fuera un cuento y el conjunto de cuentos como si fueran capítulos de una novela. Otros han recurrido a la escritura novelística imitando a un blog. Son casos que rompen el concepto de género; pero lo de Sonata para kamikazes ha sido marcadamente diferente: Poma se ha tomado el trabajo de deleitarnos con el placer de escribir una novela en forma de pieza musical y si a eso le agregamos la búsqueda de musicalidad entre las palabras que van componiendo el fraseo, el resultado es exquisito. El escritor nos ha invitado a leer una delicia de obra literaria. Se trata de una nueva voz entre los escritores peruanos que promete a futuro. No podemos dejar pasar su opera prima.

Sonata para kamikazes en la Feria del Libro:

La novela se presentó el lunes 26 de julio pasado en medio de una gran expectativa. El auditorio, con capacidad para 200 personas, se llenó en cuestión de minutos (más de medio centenar de personas no logró ingresar). Por supuesto, Revista Nudo estuvo en la lista de invitados al evento. A pesar de la gran cantidad de asistentes, logramos  acercarnos al joven y prometedor escritor para sumarnos a las merecidas felicitaciones que recibió durante aquella inolvidable noche.

 

 

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