Qué curioso es el razonamiento del “pueblo”



Esteban José Palma


La encuestas que indican quién va primero en las preferencias electorales suelen ser aburridas, sin embargo una encuesta un tanto más interesante ha sido la publicada en La República el 1 de febrero y que corresponde a la hecha por la encuestadora IMASEN SAC. La encuesta va más allá de decir quién va primero y quién segundo o quién pasa a la segunda vuelta, y se centra en la percepción de los votantes en temas como política económica, pobreza e inversión. La gerente de Imasen, Giovanna Peñaflor, sostiene como conclusión que esta encuesta refleja a una población que pide cambios y que los candidatos tendrían como tarea pendiente “lograr representar el pedido de cambio de la población” y refiere que esto se debe finalmente a un pedido de inclusión. Veamos que tan coherente es este pedido de cambio.

 

La verdad es que la encuesta refleja algo mucho más interesante que las demandas de cambio que, dicho sea de paso, siempre son las exigencias de todo pueblo, y además siempre forma parte del discurso de un candidato: las promesas de cambio siempre estarán a la orden del día en una campaña electoral. Lo sorprendente es que la encuesta refleja serias contradicciones entre la percepción que tiene la población y su pedido de cambio.

 

Por un lado, las percepción de la población en política económica refleja que el 37,4% quiere que esta cambie en algo, mientras que el 36,5% quiere un cambio radical. Si nos fijamos en las respuestas de los encuestados por zona notamos, por ejemplo, que en la zona “centro” el 46% piensa que ha empeorado con el gobierno actual; el 78.9%, que la inflación es mayor que en el gobierno anterior; el 66%, que actualmente hay menos empleo que antes; y el 75,3%, que actualmente hay más pobreza que en el gobierno anterior. Sin embargo, en la zona “centro” el 64,4% quiere que la política económica cambie en algo y solo el 20,1% quiere un cambio radical. Es contradictorio que la misma población que percibe que las cosas están peor que antes pida tan solo un cambio en algo y no un cambio radical, lo cual sería más coherente.

 

Este tipo de incoherencias entre la percepción de la realidad y los pedidos de cambio se repiten de forma menos obvia en las otras zonas, lo que da como resultado general que, a pesar de que la mayoría percibe que las cosas en materia económica han empeorado, se pida simplemente un cambio en algo. Esto es algo que no se puede tomar a la ligera, ya que demuestra que a gran escala los pedidos en materia económica se deben tomar con pinzas, pero de ninguna manera pedir que los candidatos acomoden sus propuestas a ellos. Nadie puede negar que existe un malestar generalizado, pero hacer promesas como las del candidato Alejandro Toledo, quien promete duplicar los salarios de los profesores y que aparentemente satisface a la población, no es en realidad una promesa de cambio. Como se cuestiona Nicolás Lynch en relación al aumento del 62% que Toledo hizo efectivo en su gobierno a los profesores, “¿este aumento cambió la educación?”. La respuesta obvia es que no y que ningún aumento lo hará. El cambio en materia educativa será todo lo contrario a lo placentero de recibir 62% más de sueldo y se manifestarán serias resistencias. Como dice Lynch, hablar de lo que implicaría un verdadero cambio no es rentable en una elección, ya que “los compromete a una verdadera transformación que tarda generaciones y cuyos resultados probablemente no verán luego de cinco años de mandato”.

 

La naturaleza del cambio que pide la población es un cambio de percepción: se pide percibir la realidad económica de manera diferente, sin embargo esto es imposible a corto o mediano plazo. Como en el caso de la educación, eso que prometía Toledo y que fue conocido como “el chorreo”, no se dio en su gobierno ni se ha dado de forma tangible en el de Alan García, y esto se debe a que para que la percepción de la población cambie se requieren aún varios años más y no solo eso, ya que la percepción no está determinada solo por los hechos. Por ejemplo, aunque la percepción de la personas es la de una mayor inflación, mayor pobreza y menos empleo, empresas como el Grupo Interbank invierten en las provincias colocando más sucursales de los supermercados Plaza Vea. He tenido la oportunidad de consultar con personas que viven y trabajan en Juliaca y me han dicho que Plaza Vea Juliaca es caro, lo cual no me extraña, pero aun así muchas personas compran en dicho supermercado y en fiestas no deja de abarrotarse de consumidores.

 

Finalmente, ¿qué es lo que pide el pueblo? Algo que ningún candidato le puede dar: un cambio en su percepción de la realidad. Todos pueden prometer y en promesas el ganador hasta el momento es Alejandro Toledo, pero es de incautos creer que los mentados cambios llegarán en cinco años, ya que el Perú recién comienza a experimentar un auge en la exportación de materias primas. Es el momento de invertir en educación y tecnología si no queremos volver a pasar por lo mismo que pasamos en la época del auge del guano. Sino nos industrializamos nuestro auge minero se quedará como un capítulo irrelevante en nuestra historia.  En este sentido, ¿es correcto pedir que los candidatos satisfagan pedidos cambio? No, lo que debemos intentar discernir es qué candidato tiene  la inteligencia y el carácter suficiente como para emprender la transformación que nos permita dar el salto a ser un país moderno y que en 20 años podamos experimentar índices de calidad de vida mucho más altos. No le pidamos peras al olmo, el Perú recién comienza un camino largo, esta es una maratón no un prueba de velocidad de 100 metros planos.

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