No todo lo que brilla es oro

 

 

Esteban José Palma

 

Hace unos días el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) dio nuevas exigencias a las encuestadoras para poder fiscalizar su labor. La nueva medida exigía que las encuestadoras consignen en su base de datos el nombre, número de DNI, dirección y teléfono de la persona a la cual han encuestado con el objetivo de poder cerciorar que el trabajo se estaba haciendo y que no se estaban maquillando encuestas. Esta medida causó diferentes reacciones, pero todos los medios de comunicación, sin excepción, reaccionaron en contra de la medida tildándola, en resumen, de antidemocrática.

 

Los medios de comunicación más moderados en su reacción (como Radio Capital) hicieron gala de su eslogan, “tu opinión importa”, para lanzar una pregunta al público. La pregunta era, “¿Estaría usted dispuesto a brindar sus datos personales a una encuestadora?”. A buenas y a primeras nadie en Lima brindaría sus datos no solo a una encuestadora, sino a nadie. Incluso cuando una empresa, como puede ser Teléfonia o Claro o alguna entidad bancaria, nos pide nuestros datos personales para verificar que somos los titulares de la línea o cuenta, sentimos recelos y, aunque rápidamente comprendemos que se trata de medidas para salvaguardar nuestros propios intereses, no dejamos de sentir desconfianza. Por lo tanto, la pregunta planteada por Radio Capital y otros medios de comunicación carece de sentido y solo pretendía recoger el “No” de las personas para así argumentar en contra de la medida dada por el JNE. Es decir, una pregunta que busca no escuchar la opinión de las personas, sino apoyar sus intereses.

 

La pregunta que hubiera mostrado lo real de esta situación es, “¿Qué tanto le interesa a usted participar en una encuesta?”. Si con costos nos interesa ir a votar, imagínese cuál es la importancia que le damos a contestar una encuesta. Esta es una pregunta que ningún medio de comunicación ha hecho, pero presiento que nos llevaríamos una gran sorpresa al ver que a la gran mayoría le importante poco o nada participar en una encuesta. Sin embargo, en la editorial de El Comercio, del día miércoles 16 de febrero, se da por supuesto que a la ciudadanía le interesa mucho el trabajo de las encuestadoras y que la consideran una guardiana de la democracia. Asimismo, se dice que “si el voto es libre y secreto, las encuestas, que son una aproximación al sufragio, deben gozar de las mismas garantías”, pero se olvidan que el sufragio tiene un alto grado de fiscalización, no solo por entes del Estado, sino también por los mismos partidos políticos que participan; en una encuesta no, así que no puede ser una “foto del momento” y mucho menos puede ser una aproximación al sufragio si no existen los mecanismos que garanticen su veracidad.

 

En señor Alejandro Toledo no tardó un segundo en decir que esta medida podía perjudicar el proceso electoral e incluso se atrevió a decir que se estaba “cocinando” un fraude electoral. Para Toledo las diversas encuestas permiten saber las preferencias de la población antes de la votación con lo que un fraude es menos probable. Sin embargo, el señor Toledo no recuerda que en las pasadas elecciones municipales la gran mayoría de encuestas (las más conocidas) le daban a Susana Villarán incluso 10 puntos porcentuales de ventaja frente a Lourdes Flores. No obstante, la diferencia fue bastante menor, por lo que muchos salieron a gritar que esto podía ser fraude. En este caso la demanda de fraude estaba amparada en las encuestas; encuestas engañosas que daban a un candidata más ventaja de la que realmente tenía. Entonces, ¿cómo es que las encuestas previenen el fraude? No lo hacen. Porque si hoy en día toledo tiene 10 puntos de ventaja sobre Keiko o Castañeda es completamente posible que el día de las votación esta ventaja desaparezca. Sea que hay fraude o no, ninguna encuesta previno nada. Sea fraude o no Toledo saldrá a gritar fraude si es lo que los asesores de campaña le aconsejan.

 

La novela terminó días después cuando el JNE retrocedió y dejó sin efecto las medidas implementadas, lo cual nos devuelva a la aburrida situación de tener que escuchar a medios de comunicación “analizar” las encuestas, pero sobre todo, les permite continuar son su negocio redondo. ¿Por qué se rasgaban las vestiduras los medios de comunicación ante esta medida? ¿Por la democracia? ¿Por el bien del pueblo peruano? Como diría PPK, “No, No, No”. Porque no hay nada más fácil y rentable que hacer un copy-paste a las encuestas y ponerlas como titulares. Los intereses económicos de los medios de comunicación es algo que data del inicio de la historia de la prensa. Los mismos caminos que utilizaban los comerciantes eran los que se usaron para llevar a pueblo los periódicos. La historia es larga, pero inequívoca: el negocio está en atraer la mayor cantidad de miradas para que las empresas paguen mucho más por colocar su publicidad. Desde mi punto de vista esta relación no tiene nada de malo, salvo que debería ser explícita para no consumir información que pudiera no tener como fin informarnos, sino el consumir.

 

Lo lamentable es que el nivel de una campaña electoral sea tan bajo. La periodista Patricia del Río, en su columna en Peru21 del día viernes 18, ha hecho una lista de reclamos hacia los candidatos, acusándolos de no elevar el nivel de la campaña y de quedarse en cortes de cabello, insultos vía Twitter y bailecitos. A este reclamo se unió también Rosa María Palacios quien, en su espacio en Radio Capital, leyó toda la columna Patricia del Río. No estoy de acuerdo con esta posición, muy conveniente por cierto, de echarle la culpa a los candidatos. Si bien es cierto que de ellos nace, por iniciativa propia y también conveniente, el enfocarse en pruebas toxicológicas y bailes cumbieros, también es cierto que el periodista tiene toda la potestad de hacer caso omiso a ese tipo de ridiculeces y emplazar a los candidatos con preguntas sobre sus planes de gobierno. Lo cierto es que ahora interesa más las botellas de vino con la cara de Alan, los Wikileaks, la señora Acuña y los pleitos al interior de la confluencia política liderada por PPK. Todo esto último tiene una gran rentabilidad en el rating, cosa que no pasa con un análisis de los planes de gobierno, cuadros de comparación mediante los cuales la población puede digerir mejor las 80 páginas que en promedio tienen los planes de gobierno de los partidos políticos más importantes. Lo único a lo que podemos tener acceso es a una escueta columna publicada el día de hoy lunes 21 en Peru21 donde se puede apreciar las diversas promesas de los candidatos, pero sin ningún tipo de análisis.

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