¿Se puede calificar como “informe” lo presentado por Villarán?

Política al desnudo

 

La columna de Esteban José Palma

 

Susana Villarán de La Puente  no es santa de mi devoción.  Los limeños que votaron por ella en las elecciones pasadas para la alcaldía de Lima se pueden dividir en, al menos, dos grandes grupos: 1) Personas que querían sí o sí que se investigara la gestión de Luis Castañeda, sobre todo, (no se puede negar) por las incontables críticas, justificadas o no, que se hicieron a la gran obra de Castañeada: El Metropolitano; y 2) Personas que veían en Lourdes Flores una “mamá” chapada a la antigua que venía con la vara de la corrección. Esta imagen fue, sin duda, reforzada por la posición atípica de Villarán en relación a la legalización de las drogas y por la presión ejercida por Jaime Bayly para que Lourdes Nano fuera a su programa. Es decir, en el contraste “Tía regia” Villarán y “Cucufata” Lourdes Nano, muchos prefirieron el progreso que vendía y prometía Villarán.

Ahora bien, al segundo grupo de personas poco y nada les importa que ahora Susana Villarán, alcaldesa de Lima, emita un informe sobre la gestión de Castañeda. Al primer grupo, evidentemente, le es indispensable, no porque de ello dependa su voto, sino porque piensan que con dicho informe muchos seguidores de Castañeda podrían dejar de serlo.  Por lo tanto, se espera matar dos pájaros de un solo tiro: mostrar transparencia en la gestión municipal y abrirle los ojos a la población que aún cree en las obras de Castañeda y en su honestidad. Sin embargo, lamentablemente, Susana Villarán no ha respetado la objetividad que debería tener todo informe que se respete. El informe sobre la gestión de Luis Castañeda se ha limitado a los últimos años, ha caído en generalidades y pasado por ellas rápidamente para centrarse en lo mediático y en lo políticamente dañino para el hoy candidato Castañeda.

Para poner un ejemplo veamos el caso del Metropolitano. Según el informe de Susana Villarán al Metropolitano se le debe hacer “correcciones técnicas” y considera que el hecho de que solo funcione al 40% de su capacidad es una muestra de ineficacia. La lectura que le dan las personas que trabajaron bajo la gestión de Luis Castañeada es que el Metropolitano requiere de “mejoras” que ya estaban programadas y que el funcionamiento al 100% de su capacidad se alcanzará bajo un cronograma que ya estaba estipulado. De esta manera, vemos dos percepciones de una realidad y dos interpretaciones de los hechos. Cada limeño puede optar por adherirse a la que prefiera. Los números presentados por Villarán al respecto no ayudan a una interpretación objetiva, ya que ambas versiones de los hechos hacen uso prácticamente de los mismos números. Esto refleja la ineficacia del grupo de trabajo de Villarán por hacer un informe objetivo y que sea capaz de apartarse lo más posible de interpretaciones y fanatismos.

En buena cuenta, Susana Villarán no ha realizado un informe, sino una crítica a la gestión de Luis Castañeda. La diferencia entre un informe y una crítica es que el informe no lanza calificativos de ninguna índole. Villarán se ha jactado de criticar a Castañeda y de calificar su gestión. Uno de los puntos críticos de la conferencia de prensa fue la referencia a la OIM (Organización Internacional  para las Migraciones) y el hecho de que el 48% del presupuesto para obras estuviera en manos de dicha institución. Villarán nos induce a creer que es sospechoso el hecho de que los funcionarios de la OIM asignados a la municipalidad renunciaran el mismo día en que se les pidió cuentas claras y firmadas sobre la gestión realizada. Quitando de lado el dramatismo que le imprime la alcaldesa, si la gestión de Castañeda tuvo una relación cortés con la OIM (adjudicándole la potestad sobre varios proyectos de infraestructura) y la nueva administración, en pleno, desconfía, critica y ve con malos ojos la intervención de la OIM (tanto así que, en palabras de Villarán, lo mismo que la OIM hizo lo puedo hacer la municipalidad), parece lógico y razonable una renuncia masiva. Un informe no es algo agresivo en sí, todo lo contrario, busca ser objetivo, claro y transparentar las características de lo hecho; sin embargo, cuando el informe contiene calificativos despectivos, juicios de valor y, sobre todo, está mezclado con un discurso de promesas y de “yo lo haré mejor”, deja de ser un informe y se convierte en un mamarracho politiquero. La falta de objetividad se hace visible cuando, al final de la presentación del “informe”, un periodista le pregunta a la alcaldesa si no considera que se optó por la OIM para agilizar la realización de la obras. Susana Villarán afirma categóricamente, pero sin ningún sustento, que la municipalidad lo podía haber hecho más rápido. Con toda la burocracia que existe en una municipalidad cuesta trabajo creer que esto sea cierto, pero, una vez más, lo de Villarán es una apreciación subjetiva y de fe.

Dado el escenario, quiero focalizar en el tema del transporte que, para mí, es el tema número uno que debe encarar la Municipalidad de Lima en los próximos 10 años. Susana Villarán le destina una pequeña porción de su “informe” al tema de transporte y, como es obvio, se centra en las críticas al Metropolitano, pero, sobre todo, da falsas impresiones sobre la realidad de este servicio. A pesar de que desde antes de la inauguración del Metropolitano se sabía que el funcionamiento de este servicio al 100% sería gradual, Villarán califica como “décifit operativo” el que hoy en día el Metropolitano funcione al 40% y critica que aún 300 buses nuevos no entren en funcionamiento.  Así, califica la situación como “crítica” y dice que la “obliga” a tomar medidas: el reordenamiento de las rutas superpuestas al Metropolitano. Esto es algo que Villarán ya había prometido en la campaña “el reordenamiento de la líneas de transporte público”. Sin embargo, ¿es esta medida viable? ¿Cuántas líneas de transporte público quedaran fuera de las calles? ¿Qué se hará con los miles de desempleados que esto generará? ¿Es inteligente confrontar a las líneas de transporte público a su desaparición? Yo me imagino un escenario bastante oscuro con respecto a esto y considero poco inteligente plantear el reordenamiento de las líneas. En la teoría puede sonar muy bonito, muy constructivo y académico, pero en la práctica esto podría generar un caos vehicular, no por la abundancia de carros, sino por las huelgas. El daño sería para los ciudadanos sin duda. No parece inteligente tomar una medida que podría resultar provocadora para los transportistas quienes, además, no tardan mucho en pegar el grito al cielo cuando se les exige algunas medidas correctivas en su servicio. Recordemos la huelga de 24 horas en el 2009 acatada por los gremios de transporte urbano y taxis debido al nuevo reglamento de tránsito que estipulaba una nueva escala de multas. En este caso estamos hablando de una medida que no era única para el transporte urbano y taxis, sino medidas para todos los conductores. No me quiero imaginar que pasará cuando se les diga que, lamentablemente, deben salir de las calles y buscarse otro trabajo. ¿Es posible incluir a todos estos futuros desempleados en el sistema Metropolitano u otros sistemas de transporte?

Susana Villarán afirma que “Lima necesita un sistema de integrado de transporte público” nada más cierto. La propuesta es la construcción de cinco corredores complementarios por donde circularán 4 000 buses nuevos y nuevos buses. Siguiendo la lógica de Susana Villarán será necesario también reordenar las líneas superpuestas a estos corredores, lo que no significa otra cosa que la eliminación de ciertas líneas que estarán demás. Dicho sistema contará, dice Villarán, con un sistema de boleto que permita transbordos. La pregunta,  ¿por qué no se piensa en un sistema único de pago para transporte urbano? Ya las autoridades del Metropolitano y el Tren Eléctrico estaban en conversaciones para crear una tarjeta de pago única, sin embargo, Villarán no menciona nada al respecto y más bien afirma que existe un “pleito”, ya que la línea 2 del Metropolitano y el Tren Eléctrico hacen el mismo recorrido.  El calificativo de disputa o pleito es interpretativo, ya que en muchos países del mundo los sistemas de trenes y buses conviven.  En vez de promover una solución promueve una disputa que retrasa las obras de gran envergadura que requiere el transporte en una ciudad como Lima y se dedica a crear un sistema diferente de corredores. Esto no es más la puesta en escena de sus “convicciones”: Villarán no cree en el Metropolitano, no cree en el Tren Eléctrico y, para nuestra desgracia, no cree que Lima necesite un subterráneo. La única razón por la que seguirá con la implementación del Metropolitano es porque ya está en funcionamiento.

Termino expresando mi enorme preocupación por este “informe”, ya que no es más que la reafirmación de que, para Villarán, lo hecho por Castañeda no es solo insuficiente, sino deficiente y no tiene intenciones de continuar el camino trazado por el ex alcalde en materia de transporte. Villarán hará como todo político tradicional que prefiere empezar de cero, con un sistema nuevo de transporte que ella llama integrado, pero que no se integrará ni con el Metropolitano ni con el Tren Eléctrico. Las pequeñas contradicciones de la vida.

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