¿A quién beneficia la crisis Egipto y Libia?
 
Política al desnudo
 
 
La columna de Esteban José Palma
 
 
Érase una vez, Oriente.  Cuando se trata de analizar una situación, cualquiera que sea, uno de los puntos de análisis es enfocarse en el eventual beneficiario. En particular creo que es pertinente hacernos la pregunta de a quién beneficia la crisis que vive Oriente con los hechos acontecidos en Egipto y, ahora, en Libia. La relación entre estos dos países (pero que también es común en la gran mayoría de los países de la Liga Árabe) es el régimen político: dictaduras de más de 30 años. Hoy, desde aquí, un países lejano a Oriente, muchos celebran ardientemente y gritan “fuera Mubarak, fuera Gadafi, viva la democracia”.  Quisiera llamar la atención de estos excitados jugadores políticos. La pregunta de si se está a favor o en contra de la incursión militar en Libia me parece poco menos que inútil: fuera de fanatismos hay que reconocer que contamos con poca información para dar una respuesta sopesada. El que menos dirá que cualquier régimen dictatorial debe caer y, bajo ese principio, sin importar nada más, es acertada la incursión militar. Quiero discrepar de esta posición apasionada, así como discrepar de la posición que está en contra de la incursión.
 
 
 
Lo ocurrido en Egipto obligó a postergar el ASPA, pero ¿qué es el ASPA? ASPA significa América del Sur-Países Árabes, es decir, establece una relación entre todos estos países. La tercera Cumbre América del Sur-Países Árabes se debió realizar este año en Perú, pero se postergó por la crisis interna en Egipto. La historia de esta cumbre data del año 2005 cuando Brasil impulsó la primera cumbre entre los países de la Liga Árabe y América del Sur. Según Javier Santiso, en su artículo “América Latina y los países árabes” (americaeconomica.com), cuando Brasil impulsa la primera cumbre la relación entre Brasil y los países árabes era ya bastante clara: “los países árabes son el tercer principal socio comercial de Brasil, más de 10 millones de dólares de las exportaciones de Brasil, cerca del 11% del total”. En el mismo artículo del 2010, Santiso afirma que “se están dando también nuevas redes comerciales, financieras e industriales entre zonas que hasta hace poco tenían vínculos de baja densidad. Uno de estos ejes emergentes es el de América Latina con los países árabes”.  El economista, profesor de ESADE Business School, señala que el “Fondo ADIA de los Emiratos, (el mayor fondo soberano del mundo junto con los fondos chinos SAFE y CIC) tienen edificios en Río y participan en la Bolsa de Sao Paulo y bonos brasileños”. Sin duda hablamos de relaciones comerciales emergentes y a las cuales se les augura un futuro prometedor.
 
 
 
En el mismo 2010 (3-10-2010) en un artículo en noticiasyprotagonistas.com se señala que la apuesta de Brasil pasa por la integración con los países árabes y africanos a través del ASPA y ASA, cuyas cumbres estaban previstas para el 2011 con un énfasis en el aspecto comercial. Cabe recordar que meses antes, en julio del 2010, Brasil y Turquía fueron los dos únicos países que votaron en contra de aplicar nuevas sanciones a Irán por intentar reactivar su programa nuclear. Una clara señal de que las relaciones entre Brasil y los países árabes también se dan en el aspecto político. A finales del año 2010, los países árabes celebraban que Argentina y Brasil reconocieran el Estado Palestino según las fronteras establecidas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Cabe destacar que dicha resolución no fue reconocida por Israel y su más fuerte aliado, EE.UU, manifestó que Argentina y Brasil se apresuraron al reconocer el Estado Palestino y calificó de “prematuro” el reconocimiento dado por los países sudamericanos. Finalmente, Los problemas ocurridos en Egipto afectaron a Brasil. La cancillería de dicho país destacó que Egipto es un importante socio del Mercosur y que el año pasado (2010) se había firmado un acuerdo de libre comercio entre Mercosur y Egipto.
 
 
 
La intención de Brasil con las cumbres del ASPA y ASA es que los demás países de Sudamérica también gocen de las relaciones comerciales con los países Árabes. Recordemos que después del 11-S EE.UU descuidó su relación con América Latina y se concentró en “la lucha contra el terrorismo”.  Cuando Obama era candidato presidencial, muchos analistas, entre ellos el peruano Farid Kahhat, auguraban que las relaciones entre América Latina y EE.UU no variarían tanto como se podía esperar: “El problema no es tanto que Obama no conozca la región, el problema es que la región nunca ha sido tema prioritario para EE.UU. contra lo que solemos creer. Salvo en circunstancias específicas, como la crisis de los misiles en Cuba en la década del 60…” (http://www.peru.com/noticias/sgc/portada/2009/01/16/detalle19752.aspx). Sin embargo, durante la crisis del 2009 y luego de ella, varios analistas consideraban que EE.UU tendría que volver sus ojos a América Latina. El problema es que cuando EE.UU decidió mirar a América Latina lo que encontró fueron relaciones emergentes entre esta y los países Árabes; se encontró con las cumbres de ASPA y ASA, con un Brasil con relaciones estrechas política y económicamente con los países árabes; a un Brasil y Argentina que apoyaban el Estado Palestino, a un Brasil que, en el Consejo de Seguridad de la ONU se daba el “lujo” de votar a favor de Irán. Es así que solo una nueva crisis ha hecho que EE.UU. se fije en América Latina. No obstante, el entonces presidente de Brasil, Lula da Silva, sabía que esta vez estaban en una posición distinta. En marzo del 2009 TeleSur recoge la siguientes declaraciones de Lula: “Lo que yo le dije al presidente Obama y lo que creo que va a ocurrir es que es necesario que haya una aproximación a Venezuela, Cuba y Bolivia", “Estados Unidos debería tener un mirar de colaboración con América Latina, pero no de fiscal”, “Nosotros podemos construir en América Latina una nueva relación, de confianza, de no injerencia, de compartir las cosas buenas y las cosas malas” (http://www.telesurtv.net/secciones/noticias/45014-NN/lula-pidio-a-obama-establecer-nueva-relacion-con-america-latina/). Si bien Lula reconocía como importante el acercamiento de EE.UU también consideraba que las relaciones no podían seguir siendo las mismas e incluso se daba el “lujo” de exigir un cambio en las mismas y que ellas impliquen la no injerencia en asuntos internos.
 
 
 
Lo que ha ocurrido en los últimos meses en Egipto y Libia es algo que,  según El Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), podía preverse. En un paper titulado “Organismos regionales y estabilidad en Medio Oriente”, la CAEI analiza tanto a la Liga Árabe como a la Conferencia Islámica. Sobre la primera cabe resaltar que Egipto fue uno de los países fundadores y era cede principal, sin embargo:
 
 
 
Egipto dejó de pertenecer a la Liga en 1979, a raíz de la firma del tratado de paz con Israel, con lo que la sede de la organización fue trasladada de El Cairo a la ciudad de Túnez. En 1987 los líderes árabes decidieron restablecer los lazos diplomáticos con Egipto, que fue readmitido en 1989, y la sede de la Liga volvió a trasladarse a su lugar original (http://www.caei.com.ar/es/programas/mediooriente/13.pdf).
 
 
 
Es decir, que Egipto puede ser considerado como un país intransigente en su relación con Israel. No obstante, lo más llamativo del trabajo realizado por la CAEI es el siguiente diagnóstico recogido a su vez de S. Pérez en “Oriente medio, Año Cero” (p.51):
 
 
 
Diagnóstico: El Islam actual, en el Siglo XX, se ve amenazado por un peligro...tan grande que supera en alcance y profundidad todo lo que ha encontrado con anterioridad. En esta ocasión el peligro procede del interior, de las personalidades y movimientos islámicos. Aunque sinceros en su preocupación por el bienestar de su nación, han absorbido de buena gana la "poción mágica" de la ideología occidental. Estos musulmanes "intoxicados"...solo son musulmanes de nombre...y el resultado es que el mundo islámico se encuentra en un estado de herejía, tanto más peligroso cuanto es invisible (http://www.caei.com.ar/es/programas/mediooriente/13.pdf).
 
 
 
Hago énfasis en lo que está subrayado porque parece de vital importancia para reconocer los movimientos rebeldes o revolucionarios (como quieran llamarse) que vemos en países como Egipto y Libia. Finalmente,
 
 
 
Tratamiento: Después de la fase preparatoria, la deslegitimación de tales regímenes poderosos debe conducir necesariamente a levantamientos armados y tomas del poder gubernamental por parte de la vanguardia política del Islam (http://www.caei.com.ar/es/programas/mediooriente/13.pdf).
 
 
 
Para ir concluyendo, hace unos minutos veo en los noticieros que Barack Obama se abraza y da la mano al presidente Sebastián Piñera de Chile, antes estuvo en Brasil. Obama, cuyo gobierno representa a un país que no se interesa en América Latina salvo en época de crisis, visita Sudamérica justo en el mismo momento en que, junto con la OTAN , bombardean Libia. Lula ya no está en Brasil, Egipto y Libia en crisis, y la reunión del ASPA y ASA postergadas enfrían las relaciones entre América Latina y los países árabes. Alguien podría argumentar de una manera objetiva que lo único que hace EE.UU y la OTAN es acatar o hacer valer una resolución del Consejo de Seguridad e la ONU , pero se olvidan que fue la misma ONU la que prohibió la invasión a Irak; EE.UU pateó el tablero e hizo caso omiso, pero ningún país le hizo frente para hacer valer lo dicho por la ONU. Por lo tanto, desde mi humilde punto de vista, la ONU ha perdido autoridad y, sobre todo, la palabra de EE.UU vale más que la de la ONU.
 
 
 
Vuelvo a mi pregunta inicial, ¿a quién beneficia la crisis que vive Egipto y Libia? Este artículo pretende señalar que EE.UU es el principal beneficiado, ya que hace más atractiva su presencia en Sudamérica: enfriadas las relaciones con los países árabes muy probablemente América Latina sienta la necesidad de mirar también hacia EE.UU. De alguna manera, EE.UU se encontraba en desventaja y Lula da Silva se lo había remarcado con las declaraciones que hemos visto más arriba: Brasil empujaba a América Latina a relaciones comerciales con los países árabes dándole la espalda a EE.UU.  Es curioso que justo en estos meses en que se iba a celebrar el ASPA los pueblos de Egipto y Libia decidieran rebelarse contra dictaduras de más de 30 años; justo cuando EE.UU necesita más de América Latina y justo cuando esta última podía, por primera vez en su historia, darle la espalda a Norteamérica y soñar un futuro con Oriente.
 
 
 
Si bien no puedo demostrar que EE.UU tenga que ver con los levantamientos en Egipto y Libia, la historia ha demostrado el nivel de injerencia de EE.UU en los asuntos internos de diversos países. El trabajo de la CAEI resalta también la presencia de movimientos musulmanes no tan musulmanes que han optado por la ideología occidental. Solo puedo afirmar que el principal beneficiario de todo esto es EE.UU y no ha perdido el tiempo (aunque sí la vergüenza) para darse un paseo atípico por la región. Obama ha venido a adularnos y a vendernos que su intervención en Libia obedece a un sentimiento altruista de protección a los civiles; que EE.UU respeta la resolución de la ONU y que por eso interviene, cuando la verdad es que EE.UU se zurra en la ONU y en sus resoluciones, y solo las acata cuando le conviene.
 

 

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