ENTREVISTA A DELFINA PAREDES

Eduardo Marchena Siverio

Imágenes de Ricardo Campana Wissar

 

Hablar de Delfina Paredes es hablar de una leyenda viviente de las artes escénicas peruanas. Su larga y reconocida trayectoria la convierten en toda en maestra y fuente de inspiración de más de una generación de actores. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Dramático y fue recibió un merecido reconocimiento en el 2007, en el marco del I Concurso de Dramaturgia Peruana. En esta temporada, bajo la dirección del reconocido Francisco Lombardi, vuelve a las tablas para participar en el esperado montaje de Las tres hermanas, de Antón Chéjov. La obra narra la historia de una familia aristocrática que intenta encontrarse a sí misma en los albores del siglo veinte, durante los años previos a la revolución bolchevique.


A mitad de la conferencia de prensa una de las asistentes de prensa del Teatro me pregunta si quiero entrevistarla, dudo un momento (ella se ve cómoda conversando con algunos actores jóvenes del elenco y tengo la sensación de que la voy a importunar), pero finalmente accedo. Nos recibe con una sonrisa, me presento y comenzamos la entrevista.

¿Podría definir a su personaje en una sola palabra? Inconsciencia.
¿Existe algo que le parezca especialmente interesante en ese personaje? La fidelidad, supongo.

Me gustaría escuchar una breve descripción de la obra en sus palabras. Es una obra sobre personajes que llevan una vida inútil. Lo reconocen en cierto modo, pero no hacen nada para cambiar esa situación. Parece que Chéjov detestaba a este tipo de personajes y tenía la esperanza de que el público, al verse retratado en ellos, tomara decisiones para salir de esta situación.
Una vocación revolucionaria... Es la época...
Pocos años antes de la revolución Bolchevique... Sí, pero la esposa del hermano que llega del pueblo y que transforma el mundo [de los aristócratas] lo hace por puro interés. Es un personaje arribista, viene a transformar ese mundo sólo por un interés individual y no colectivo. Es interesante, porque cuando se trata de transformar una sociedad lo más peligroso es ese tipo de personajes.
¿Cuál es la principal razón por la que decidió embarcarse en este proyecto? Bueno, le tengo cariño a Lombardi desde que trabajamos en "Caídos del cielo". No tenía ningún proyecto fijo para esta temporada así que acepté.
¿Cuál, diría usted, es el principal rasgo en su trabajo como director? Creo que la sobriedad. Tiene un equilibrio personal que no se altera. Sabe a dónde va, da las indicaciones precisas sin alterarse o poner nerviosos a los actores.
¿Cómo descubre su vocación por las artes escénicas? Yo estaba estudiando química industrial. Cuando estaba en los últimos años de secundaria me fascinó la química y la física. Quería estudiar para físico-química. También recitaba poesía. Cuando era chiquita, como una gracia, me subían a una silla para que me vieran y recitaba.
Entonces la vena artística sí estuvo con usted desde un principio... Yo creo que mi madre hubiera sido una excelente actriz. Ella era extraordinaria para la lectura. Nos reunía por la noche con una lamparita de kerosene para leer y desarrollábamos la imaginación. Vivíamos en un pueblo. Me ha ayudado a tener la imaginación, como se dice, a flor de piel. Crear imágenes a través de la palabra. Eso es algo que tengo que agradecerle a mi madre. Yo empecé como locutora. Cuando ingresé a la Universidad del Cuzco me lo propusieron. Me habían escuchado recitar. Tenía horas libres y acepté. Fui animadora en Radio Nacional. Mi padre nunca me hubiera dejado ser actriz. Vine a Lima con el pretexto de hacer prácticas, pero poco a poco me aparté de la química.
¿Qué consejo le daría a un actor o actriz que recién inicia su carrera? Leer y tratar de crear imágenes respecto a esa lectura.
Se habla mucho del nuevo boom teatral... Creo que existe, pero en un circuito muy pequeño. Lo tenemos en Lima; por ahí, un grupo heroico en Trujillo, Arequipa, Huancayo; trashumantes todos, siempre en busca de dónde se puede organizar un festival y participar. Yo creo que hay un desnivel. Me parece una maravilla que se presenten obras importantes en Lima y que un sector del público se interese, sienta como una necesidad ir al teatro. Creo que si los precios fueran algo menores más gente podría ir. Lo importante es encontrar espacios, promotores y auspicios. El montaje de esta obra es bastante caro. Estos espacios se mantienen por apoyo de particulares. Sería bueno que eso se extendiera un poco más. Las cerveceras, por ejemplo, sólo auspician aquellos eventos en los que la gente va a tomar. Por otro lado, el centralismo es grande y quienes ocupan cargos públicos, generalmente, no se preocupan por la cultura. Se habla mucho de la educación, pero parte de la educación es el teatro, creo que Luis Jaime Cisneros habló de eso en un artículo hace unos años. ¿Cómo puede aprender un niño a leer bien?...  Escuchando [a un profesor] leer bien. El teatro podría ser un vehículo importante para contribuir a la comprensión de la lectura. En el teatro, cada frase se estudia  en función a los múltiples sentidos que puede tener. Una frase puede tener dos, tres, cuatro intenciones. En el teatro estudiamos eso.

 

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