SOLO PARA NUDISTAS

 

La fiesta interminable

 

 

 

 

un devaneo de Giancarlo Poma Linares*

 

 

 

No estoy en el facebook. Tampoco tengo twitter. Al messenger me conecto rara vez y la verdad es que la mayoría solo para revisar mi correo. Esto último sí que me entusiasma. Enviar y recibir e-mails. Quienes se comunican conmigo por correo saben que respondo pronto y que respondo bien. Ha de ser porque el e-mail permite la supervivencia de la estructura tradicional en la comunicación escrita. Hay un orden, una estética que convive con la funcionalidad. A mí en esas cosas me gana la nostalgia, disculpen.

 

Sin embargo, no es esa la razón principal de mi resistencia a las redes sociales. Es decir, tuve hi5 y lo utilizaba a menudo. Así como con el correo, le encontraba el prurito artístico. Dejaba testimonials extensos y minuciosos, actualizaba constantemente mi perfil y mis fotografías, a diario agregaba amigos y enemigos. Me divertía bastante, la verdad. Pero luego me salí porque ya se había vuelto repetitivo (ya le había escrito como veinte testimonials a cada uno de mis contactos) y desde entonces me quedé con el messenger, en donde cada vez  somos menos y que cada día se va pareciendo más a esas bodegas de viejo, siempre a punto de quebrar y que solo subsisten por la confraternidad o la lástima de algunos vecinos bienaventurados. Así que lo que en realidad me lleva a evitar las redes es algo más profundo y al mismo tiempo más banal, una de esas manías ridículas pero tremendamente condicionantes: el ánimo de juerga.

 

Siempre el último en marcharse, aunque no necesariamente el primero en llegar. Me entristecen las reuniones que acaban temprano. Me deprimen. Según mi esquema narrativo, dos botellas es el prólogo, veinte más el cuerpo (del delito) y otro par, la conclusión, (si logro adjuntar una post-data, entonces de maravilla). No es solo una cuestión de bebidas espirituosas, eh. En mis primeros ciclos de universidad almorzaba con un grupo de amigos y nos quedábamos de sobremesa durante horas. Casi todos los días íbamos al mismo restaurante (no lo menciono por una cuestión de luto, no lo menciono porque el acto de nombrar rescata del olvido zombies en lugar de resucitados) porque el menú incluía jarras de refresco ilimitadas y era una gran excusa para continuar conversando, riendo, faltando a clases. Cuando la vida era lenta y todo parecía tan lejano.

 

En el facebook, por ejemplo, todo el tiempo alguien comparte un pensamiento, una canción, un video. Es como una fiesta interminable. No podría ir a dormir sabiendo que dejo en stand by comentarios, solicitudes de amistad y réplicas. Sería como dejar colgado a alguien que me extiende la mano para un apretón, y esa es una falta de respeto terrible, una descortesía que cuando es realizada adrede ni siquiera se debe de dignificar con un puñetazo.

 

Aunque hay días en que me pregunto si es que el reparo es más absurdo de lo que parece. Después de todo, igual me la paso todo el tiempo frente al monitor. Escribiendo, sí. Supongo que ya he cubierto esa adicción. La Literatura es mi trampa mortal. La Literatura es mi fiesta interminable.

 

 

*Giancarlo Poma Linares (Lima, 1985). Escritor, periodista cultural y docente universitario. Publica regularmente cuentos y artículos de opinión en revistas impresas y virtuales. Ha ganado juegos florales y bienales de cuento. Su primera novela, Sonata para kamikazes, obtuvo el XIII Premio BCR de Novela Corta «Julio Ramón Ribeyro» y fue elegida como uno de los mejores libros del 2010.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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