LOS PROFETAS DE SIGLO XXI

 

NUEVO (DES)ORDEN MUNDIAL

La columna de Eduardo Marchena Siverio

Hace un par de horas me enteré de que, nuevamente, el corazón de una nación europea había sido golpeado por el terrorismo. Las imágenes de civiles nerviosos y aturdidos que caminan sobre fragmentos de vidrio en medio de una ciudad que se convirtió en una zona de guerra se han apoderado de los noticieros en todo el mundo (una vez más). Si bien el terrorismo no es precisamente una rareza en el mundo globalizado, no deja de ser sorprendente (e indignante) que una de las naciones más desarrolladas y pacíficas del mundo, donde la violencia política es prácticamente desconocida, se convierta en objetivo del extremismo.

Los atentados en Oslo y la isla de Utoya han conmocionado a Noruega al punto de que algunos entendidos han empezado a referirse a ellos como la mayor tragedia sufrida por la nación desde la Segunda Guerra Mundial. Se sabe que el sello de Al-Qaeda es la ejecución de múltiples atentados coordinados por lo que la organización del recientemente eliminado Ossama Bin Laden u algún otro grupo vinculado a la Jihad (se ha mencionado a Ansar al-Jihad al-Alami) seguramente, encabeza la lista de sospechosos de los organismos de inteligencia noruegos. No hay grupos terroristas nacionales en Noruega, aunque se sabe de detenciones vinculadas a Al Qaeda en el pasado (la nación fue objeto de amenazas del radicalismo islámico).

Por supuesto, sería prematuro pretender señalar responsables. Todavía no se ha determinado si fue una o más explosiones potentes lo que sacudió el distrito gubernamental. La explosión destruyó el complejo que alberga a las oficinas del primer ministro y el Ministerio de Finanzas, según el último balance oficial. Dos horas después un hombre armado disfrazado de policía atacó un campamento del gobernante Partido Laborista en la isla de Utoya. Al parecer, el tirador (recientemente detenido) está vinculado con la explosión de Oslo y el ministro de Justicia, Knut Storberget, ha confirmado es de nacionalidad noruega.

Habiendo pasado tan pocas horas, es poco lo que se puede decir con plena seguridad. No obstante, los acontecimientos de hoy dejan en claro que cualquier nación puede ser víctima de un ataque terrorista masivo sin importar sus antecedentes políticos y sociales. Oslo tiene el merecido honor de ser la ciudad en la que se entrega el Premio Nobel de la Paz desde hace más de cien años. Lo más parecido a un lugar que represente la civilización en este (violento) mundo es (o era) Oslo. Hoy ese símbolo ha sido mancillado y, para bien o para mal, su significado no volverá a ser el mismo. La muerte de Ossama Bin Laden, la vigorosa ola revolucionara en naciones musulmanas (que en poco o nada se identifica con el extremismo) y el nivel de desarrollo de la propia sociedad noruega eran factores que hacían prácticamente nula la posibilidad de un ataque de esta magnitud perpetrado por fuerzas internas o externas (hasta ahora). Los optimistas del siglo pasado, me apena decirlo, perdieron su último reducto. Creo que los acontecimiento de hoy confirman mi impresión de que los pesimistas están destinados a ser los profetas del siglo XXI.     

 

Referencias:

PERÚ 21 “Al menos 11 muertos por ataques en Oslo” Perú 21. Mundo. Lima, 22 de julio  (2011)

http://peru21.pe/noticia/930949/explosion-sacude-sede-gobierno-oslo

 

El Mundo.es “Numerosos muertos y heridos tras 2 ataques contra el Gobierno noruego”

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/22/internacional/1311343327.html

 

 

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