SOLO PARA NUDISTAS

 

 

Una serie de eventos “desafortunados”

 

 

 

por Giancarlo Poma Linares*

 

 

En claro: estuvo pésimo que el presidente Humala mencionara la constitución de 1979 el día de la juramentación. No fue un incidente “desafortunado”, ni tampoco una torpe declaración de principios. Un incidente desafortunado hubiese sido que estornudara encima del pergamino de juramentación o que se ufanara de la peruanidad del pisco en frente de Sebastián Piñera. Una torpe declaración de principios hubiese sido gritar que es hincha de Alianza Lima o terminar el discurso con vivas al Partido Nacionalista. Lo del presidente Humala el pasado 28 de julio fue una bravuconada, un arrebato dictatorial que, por el bien de la democracia, los ciudadanos esperamos no se vuelva a repetir. Quienes votamos por él (a regañadientes y con la soga fujimorista al cuello) tampoco podemos reclamar que gobierne con nuestras ideas. Sin embargo, tenemos el deber y el derecho de alzar la voz ante esta y cualquier otra insensatez.

 

En claro también: la reacción de Martha Chávez fue un espectáculo sedimentario, denigrante no solo para la majestad de la ceremonia sino para la Nación en sí. Lo menos que uno podría esperar de una congresista con la experiencia de Chávez es la capacidad para reconocer la enorme distancia que media entre protesta y sabotaje. O al menos entre protesta y berrinche. Pero supongo que eso es pecar de optimista. Martha Chávez sigue siendo Martha Chávez. Cuando se persiste en el error ya no se trata de coherencia, sino de necedad. El fujimorismo pareciera no haberse percatado aún de la gran oportunidad que tiene al haber obtenido el segundo lugar en las urnas. Con el Apra debilitado (aunque tan solo momentáneamente, como lo demuestra la pericia y prontitud con la que ha logrado constituir su bancada) y las huestes de Perú Posible en romance con el oficialismo, los fujimoristas son, hoy por hoy, la primera fuerza de oposición. Podrían dedicarse a fortalecer —en realidad, construir— su partido, dirigiendo la defensa de la paridad y el voto diferente; de momento, sin embargo, solo ofrecen garantía de discordia.

 

Algo más: ha sido un atentado contra la libertad de prensa el no haber permitido el ingreso de los periodistas a la sesión en la que se sancionó a Martha Chávez. El argumento oficial es que se quiere prever otro circo. Una mezcla de cobardía y paternalismo. Ni Chávez es tan peligrosa como para subvertir la autoridad del congreso (y si lo es, entonces sí que estamos en una situación extrema) ni la opinión pública es tan ingenua como para que los políticos o la prensa la manipulen a su antojo. ¿Por qué siempre los que gobiernan subestiman la inteligencia de los gobernados? Ciertamente, podemos parecer tontos por haberlos elegido, pero es que no nos quedaba de otra.

 

Una bravuconería, un berrinche vergonzoso y un atentado contra la libertad de prensa. O como los oportunistas de turno, que pretenden paliar con eufemismos la legítima protesta, les llaman: una serie de eventos “desafortunados”.

 

*Giancarlo Poma Linares (Lima, 1985). Escritor, periodista cultural y docente universitario. Publica regularmente cuentos y artículos de opinión en revistas impresas y virtuales. Ha ganado juegos florales y bienales de cuento. Su primera novela, Sonata para kamikazes, obtuvo el XIII Premio BCR de Novela Corta «Julio Ramón Ribeyro» y fue elegida como uno de los mejores libros del 2010.

 

 

 

 

 

 

 

 

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