SOLO PARA NUDISTAS

 

¡Basta ya!

 

por Giancarlo Poma Linares

 

La primera vez que fui a un estadio tenía seis o siete años. Recuerdo que era la última fecha del Descentralizado y que jugaba la U contra el San Agustín. Mi viejo me llevó porque la U ya era campeón y al final de los noventa minutos daría la vuelta olímpica. Yo decía ser hincha de la U por tradición familiar —crema hasta los huesos, me proclamaba—, pero el viejo sabía bien que aún no conocía el sentimiento. Nadie conoce el sentimiento sin antes haber pisado un estadio de fútbol. Es allí donde uno aprende a cantar, a reír, a gritar un gol. Y también a sufrir, desde luego. De hecho, Julio Ramón Ribeyro alguna vez escribió que si no se conoce de tristezas deportivas, entonces no se conoce nada de la tristeza. Pero el viejo quería tatuarme la alegría de un campeonato en el alma. El viejo me llevó para celebrar.

 

Desde entonces me quedó claro que el fútbol, más que un deporte, es un milagro. Yo con las justas sé patear una pelota, pero la he clavado en el ángulo más de una vez. También he celebrado goles con el pecho descubierto (con baile y voltereta) y he besado la camiseta de mis amores con el júbilo de quien abraza la felicidad o de quien regresa finalmente a casa luego de haber peregrinado mil años por el infierno. Pierda o gane siempre he salido del estadio con la certeza de que he vivido —y de que he sobrevivido— de que he luchado junto con mis hermanos y de que merecemos que nos llamen valientes.

 

Nada de lo anterior tiene que ver con lo sucedido en el último clásico. El fútbol es vida y Walter Oyarce ha sido víctima de la barbarie. Quienes lo asesinaron no son hinchas, sino criminales producto de la marginalidad que acorrala al país. La justicia debe de sancionar penalmente tanto a los responsables directos como a todo aquel que esté involucrado o que apoye actos de violencia similares. Si es necesario que se vete a perpetuidad el Monumental, pues que se vete. No queremos más cementerios, queremos estadios.

 

El fútbol es vida, sí, pero la sangre ha vuelto a caer sobre el césped. ¿Cuántas muertes más necesitamos para gritar “basta ya”?

 

 

*Giancarlo Poma Linares (Lima, 1985). Escritor, periodista cultural y docente universitario. Publica regularmente cuentos y artículos de opinión en revistas impresas y virtuales. Ha ganado juegos florales y bienales de cuento. Su primera novela, Sonata para kamikazes, obtuvo el XIII Premio BCR de Novela Corta «Julio Ramón Ribeyro» y fue elegida como uno de los mejores libros del 2010.

 

 

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