Entrevista a Alberto Ísola

 

Eduardo Marchena Siverio

 Imágenes de Ricardo Campana Wissar

 

El maestro Ísola, bajo la dirección del reconocido Juan Carlos Fisher, vuelve a las tablas del Teatro La PLaza para encarnar al visceral, provocador y egocéntrico pintor expresionista Mark Rothko. Rojo es un fascinante relato y una inquietante reflexión sobre el arte que le valió a su autor, John Logan, 6 premios Tony. Sin duda, la puesta promete ser recordada como una de las más importantes de este joven 2012.

 

¿Podrías definir a tu personaje en una sola palabra? Intenso. Él [Mark Rothko] es vehemente. Era un judío ortodoxo ruso. Es como la imagen de Jehová en el Antiguo Testamento: inclemente [risas]…

¿Siendo tú un artista que interpreta a un artista, te identificas en algo con el personaje? Sí, la pasión y la vehemencia. La gran diferencia es que yo trabajo como actor y director. Estoy acostumbrado a un trabajo colectivo. La idea de ser alguien que, como él, únicamente trabaja consigo mismo me resultó muy interesante, precisamente, porque es muy diferente de lo que yo hago.

La historia recuerda un poco a la película Sobreviviendo a PicassoLa de Anthony Hopkins, claro.


Es evidente el interés del guionista por mirar en la intimidad del artista y en el proceso creativo… El momento central de la obra realmente sucedió. Fue uno de los sucesos más importantes de la historia del siglo XX. Él recibió una comisión muy importante: pintar unos murales en un espacio que simbolizaba el capitalismo norteamericano [uno de los más lujosos restaurantes de Nueva York]. Rothko era  marxista y creyó que aquellos trabajos iban a servir para que la burguesía norteamericana  se sintiera culpable. Puede parecer una cosa ingenua…

En la época retratada, mediados del siglo XX, los artistas solían estar comprometidos con ideas de izquierda… Es un poco como lo que hizo Diego Rivera al pintar aquel mural en el Rockefeller Center. Gracias al personaje de Rómulo [Assereto], un personaje ficticio, Rothko toma conciencia de lo que significa pintar aquellos murales.


Me pareció muy interesante la parte en la que tu personaje nos habla de la rivalidad entre artistas, y la ferocidad de la crítica… Exacto, pero en las artes escénicas no se ve eso porque es un trabajo colectivo. Cuando leí el guión lo primero que noté fue una diferencia entre el personaje y yo: a mí no me asusta la crítica, no me siento amenazado por ella. Hay una escena en la que Rothko regresa de una exposición de pop art de Andy Warhol y tiene un berrinche impresionante, dice que lo están tratando de matar. Yo no siento eso para nada. No me siento amenazado por ese tipo de cosas que tienen que ver con artes “individuales”. El teatro, para bien o para mal, es un arte colectivo. La rivalidad no lleva a nada bueno…


Háblame del director… [Juan Carlos] Fisher ha sido mi alumno en la universidad. Lo conozco dese que tenía quince años. Me siento bastante orgulloso y muy contento. Me ha gustado su enorme claridad y el agradable ambiente de trabajo que sabe crear. Ha sido un periodo de ensayos muy feliz con una obra horrorosa [risas], es decir, una obra linda en la que pasan cosas horribles. Cuando haces trabajos así es necesario generar un ambiente en el que lo negativo se pueda contrarrestar. Me encantó su nivel de cuidado y  detalle. Sus notas sobre los comportamientos de los personajes son siempre exactas y eso me ha dado seguridad.

Él, como director, es muy paciente, ¿no?… Para trabajar conmigo tienes que ser muy paciente [risas]

Cuando le pregunté a Fisher por sus maestros lo primero que mencionó fue la paciencia que todos, comenzando por ti, le tenían… Sí, yo lo obligaba a actuar [risas]…

¡Exacto! Tú dictabas los cursos de actuación… Yo le decía que, si quería dirigir, tenía que saber actuar. No es necesario que un director sea un buen actor, pero cuando uno pasa por la experiencia de actuar sabe exactamente cómo manejar actores.

Si no me equivoco, tu próximo proyecto es dirigir La Falsa Criada, de Pierre de Marivaux… Sí, en julio. Se trata de un clásico muy particular. Es una obra que yo he querido hacer desde hace mucho tiempo. Marivaux es un autor muy importante. Se trata de una obra que cuestiona mucho, una historia sobre el amor y el dinero…

Un poco como La Doble InconstanciaSí pero es mucho más extrema. En La Doble Inconstancia se narra una historia juvenil, pero en la obra que yo dirigiré los personajes son treintones o cuarentones. El elenco es maravilloso: Norma Martínez, Alejandra Guerra, Leonardo Torres, Miguel Iza…

Norma Martínez, la musa de Fisher y tu musa también… ¡Siempre! [risas]

¿Qué le aconsejarías a una persona que inicia su carrera en las artes escénicas? Cuando mi sobrina dijo que quería ser actriz, su mamá, un poco preocupada, me llamó. Yo le dije que, si no tenía la pasión necesaria para aguantar la falta de trabajo o las malas críticas, no debía hacerlo. Ella estudió en el TUC y ahora está estudiando en España, en la Real Escuela de Arte Dramático. Se debe partir de una pasión. Yo empecé a los quince y no quiero hacer otra cosa. Tuve mis crisis como cualquiera, pero nunca me he querido ir del teatro.


 

Sinopsis:

Ambientada en la ciudad de Nueva York de 1958, la obra nos sitúa en un momento decisivo de la vida del pintor Mark Rothko: ha sido reconocido con el contrato más atractivo de la Historia del Arte Moderno, una serie de murales para el lujoso restaurante Four Seasons de Nueva York. Durante los meses siguientes trabajará apasionadamente en este proyecto, pero cuando Ken, su joven asistente,  comience a cuestionarlo, el maestro descubrirá que el gran logro de su carrera podría representar, paradójicamente, su muerte como artista. 

La cita es desde el 16 de febrero de 2012 en el Teatro La PLaza

Funciones: Jueves a martes a las 8 pm Domingos a las 7 pm



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