ENTREVISTA A SANDRA BERNASCONI

 

 

 

Por: Eduardo Marchena Siverio

Imágenes de Ricardo Campana Wissar

 

Cada vez que pisa un escenario, demuestra que lleva el teatro en la sangre. Ha sido dirigida por maestros de la talla de Roberto Ángeles, Juan Carlos Fisher y Osvaldo Cattone. Actualmente, forma parte de un ambicioso proyecto materializado en el Teatro de Lucía, nuevo espacio que se perfila como una de las plazas más interesantes para las artes escénicas peruanas. En esta oportunidad, Sandra Bernasconi se pone bajo la piel de una mujer que, tras enterarse de la detención de su esposo, comienza a vivir una serie de experiencias que la obligan a replantear los aspectos más importantes de su propia vida.

¿Podrías definir a tu personaje en una sola palabra?

Mujer…

Ahora, en la cantidad de palabras que quieras, ¿podrías describirla?

Gabriela es una mujer luchadora, pero dentro de lo convencional, dentro del sistema que te dice que hay que casarse, tal como dicta la sociedad. Está atrapada en eso y tiene que aguantar a un esposo al que, en el fondo, no quiere. En el transcurso de la obra va a darse cuenta de eso.

¿Qué fue lo que más te atrajo de este proyecto para decidirte a embarcarte en él?

Me atrajo la idea de trabajar con Monchi [Brugué], la idea de explorar en el tema de la traición y el abandono masculinos que las mujeres sufren.

Podría considerarse una obra feminista

Según Sabrina Berman, una gran autora mexicana, es la primera obra feminista que se estrenó en México en 1985. Se trata de dos mujeres que se salen del sistema y van descubriendo que pueden hacer todo sin necesidad de una figura masculina. Bueno, todo sucede hace treinta años, era otra época. Había mucho machismo, pero parece que las cosas ahora están cambiando.

La década de 1980 es un periodo interesante, como contexto de la obra, si consideramos la revolución sexual que había tenido su apogeo en la década anterior….

Sí, como una bisagra…

¿Cómo definirías al guion?

Es una oda, una alegoría a la amistad. Se trata de un texto muy bien escrito por Emilio Carballido, un autor costumbrista. El texto puede resultar algo previsible, pero tiene mucho sabor. Me gusta su recorrido por esta avenida de la amistad que se produce entre estas dos mujeres.

El tema del costumbrismo en esta obra me resulta especialmente relevante. El costumbrismo no es un tema muy presente en el teatro peruano contemporáneo…

No, al contrario, se huye un poco del costumbrismo. A los actores nos llama más el tema del drama psicológico. A mí me llama más eso que el costumbrismo…

Por lo que pude ver en otras adaptaciones, esta obra cumple con su dimensión costumbrista, pero va más allá, explora también la psicología humana con cierta profundidad…

Sí, Carlos Mesta hizo énfasis en el tema de la psicología, no se quedó en una simple caricatura de la peluquera o la intelectual. Hubo un trabajo e buscar la razón de cada situación…

¿Cuál, dirías tú, es el rasgo principal del estilo de trabajo de Mesta?

La paciencia, la generosidad el cariño, su carácter paternal, su comprensión. Él te acoge, es acogedor…

No es un rasgo fácil de encontrar en un director, por lo menos, no en la víspera de un estreno…

Sí, él nunca pierde la paciencia.

Me gustaría escuchar una breve descripción de esta obra en tus palabras…

Es el encuentro de dos mujeres de mundos diferentes por una situación inesperada, una situación que las obliga a enfrentarse a sí mismas. Se ven obligadas a revisar en qué están sus propias vidas. Por querer hacer lo que creen que es correcto, sacar al marido de la cárcel, se descubren, se valoran y se liberan.


Te voy a mencionar algunos nombres. Por favor, dime qué es lo que pasa por tu mente:

Monserrat Brugué… Amiga…

Carlos Mesta… Director…

Lucía Irurita… ¡Mi madre divina!…

¿Existe algún personaje o tipo de personaje con el que todavía no experimentas y te gustaría probar en un futuro?

El que voy a hacer en agosto.

¿Podrías hablarnos un poco de eso?

Interpretaré a una fotógrafa de guerra…

¿Una corresponsal de guerra? Alguna vez, mencionaste que te atraían personajes como Oriana Falacci, la periodista…

Es que ella me encanta.

Supongo que leíste sus trabajos…

No todos…

Por supuesto que no, ella ha escrito muchísimo: entrevistas largas a Golda Meir, Yasser Arafat, Henry Kissinger…

¿Estás hablando de Entrevista con la historia?

Por supuesto, ¿tú también lo leíste?

Sí, claro. Hay otro que se llama Los siete pecados de Hollywood, o algo así…

Volviendo al tema de la fotógrafa de guerra que vas a interpretar…

Todavía no he iniciado mi trabajo de investigación.

¿Sabes?, la primera persona que entrevisté, hace cinco años, fue una corresponsal de guerra. Se llama Patricia Castro Obando y trabaja para El Comercio. Estuvo en Irak y Afganistán...

Bueno, lo de Irak me interesa bastante…

Cuando estuvo en Bagdad, quisieron venderle la cabeza de una de las estatuas derribadas de Saddam Hussein…

¡Pásamela!

Por supuesto. Es una entrevista larga, pero creo que se lee rápido. También dijiste alguna vez que nunca interpretarías a Julieta…

Sí, por la edad, estoy algo vieja para eso [risas]. Tampoco es un personaje que me atraiga tanto. Es un personaje tan clásico y tantas veces  representado…

Entonces, ¿nunca te voy a ver de Julieta?

¿Quién sabe?

¿Tu próximo proyecto es el de la fotógrafa de guerra?

No, tengo otro antes. Es una obra maravillosa de Jeff Baron, “Cuando tenía cinco años”. Lo dirigirá Malcom Malca. Interpretaré a una psicoanalista.

Si tuvieras que dar un consejo a un actor o actriz joven que recién inicia su carrera, ¿cuál sería?

Que esté seguro de lo que quiere. Es una carrera de resistencia. Además, hay que ser lo menos emocional posible a la hora de decidir y de tratar. Debes dejar la emoción para otro momento. Es una carrera en la que van y vienen tantas cosas, hay tanto estrés en el día previo al estreno. A mí me gusta bucear en mis personajes. Hay momentos en los que te encuentras con cosas muy dolorosas, muy fuertes. Hay momentos en los que los nervios te traicionan, te pueden sacar chispas. Es necesario apagar las emociones un rato.

¿Racionalizar en lo posible los sentimientos?

Sí, pero es difícil. Puedes llegar a decir cosas dolorosas. Todos los de este negocio sabemos que en algún momento nos diremos cosas por las cuales tendremos que pedirnos perdón después.

Aparte del teatro tienes otras aficiones…

Escribo teatro.

Entonces, conoces el fenómeno teatral desde distintas perspectivas.

Sí.

¿Alguna vez dirigiste?

No, nunca…

Algo me dice que es cuestión de tiempo. Tú ya escribes y actúas. El director está justo en medio de esos dos procesos.

Sí, es verdad.

¿Cómo fue tu primera aproximación al teatro?

 Yo crecí en medio de esto…

Claro, vienes de una familia de artistas, pero en qué momento decidiste seriamente que a eso querías dedicarte…

Cuando de chica me preguntaban qué quería ser de grande, yo decía que iba a escribir, dirigir, protagonizar y producir mis obras de teatro. He crecido revoloteando en los teatros, para mí era lo normal. Me sentía rara en el colegio, algo que no me sucedía en el teatro. Siempre quise ser actriz. Cuando cumplí 19 o 20 años, luego de estudiar teatro, empecé a preguntarme si mi vocación por el teatro era una cuestión de inercia…

¿Y qué fue lo que, al final, hizo que decidieras no abandonar el teatro?

Yo lo he dejado muchas veces, pero siempre vuelvo. Hay algo en el teatro que me atrae.

Y en esos periodos de duda y de alejamiento del teatro, ¿tuvo algo que ver el que fueras hija de una actriz tan importante como Lucía Irurita y, de una forma u otra, tuvieras miedo de terminar viviendo bajo su sombra?

No, no iba por ahí. Me sentía tan cómoda con el teatro y con mi madre que me preguntaba si no me estaba perdiendo de descubrir algo. Pensaba que, tal vez, no me estaba dando la oportunidad de buscar un camino realmente mío. Bueno, al final, creo que tengo que aprovechar aquello con lo que vine a este mundo.

Creo que, al final, esa curiosidad que te hace explorar cosas nuevas y alejarte del mundo al que estás acostumbrada, más que alejarte del teatro, te reafirma como actriz y como artista…

Bueno, sí, soy bien curiosa [risas].

A tus admiradores nos consta, muchas gracias.

Gracias.

 

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