Solo para nudistas #8

¿Hasta cuándo nos vamos a dejar “sorprender”?

por Giancarlo Poma*

@fulanofarsante

Es una muestra de salud mental que a todos nos indignen las actitudes racistas, que investiguemos apenas surge la mínima sospecha y nos preocupemos por sancionar a los responsables. Lo que me resulta extraño es que, cuando un caso de discriminación de este tipo se hace público, haya tanta gente “sorprendida”, tanta gente a la que le parece algo “inconcebible”.

No quisiera que se me malinterprete. No estoy diciendo que ya deberíamos estar acostumbrados. Si algo, las actitudes racistas nos deben generar el mayor asco posible siempre, no solo cuando aparecen en un video de You Tube o cuando el idiota de turno las promueve desde los medios. El racismo, tristemente aún, es uno de los mayores males de nuestra sociedad. No es algo que ocurre solo en los libros de historia o en las películas nominadas al Óscar. Es algo que todos podemos comprobar a diario en cualquier esquina.

Si pasan por una avenida ahora mismo, verán que dos choferes discuten. Uno de combi y un taxista, por ejemplo. El de la combi hizo una mala maniobra y el taxista casi choca por su culpa, lo que sea. Tarde o temprano, alguno de ellos dejará de recordar a la mamá del otro y le gritará eso que cientos de veces han escuchado. Cientos no es una exageración. Cientos podría ser miles. No creo haber sido el único que lo ha escuchado. Como tampoco creo haber sido el único que en algún momento se ha quedado cobardemente en silencio para ahorrarse discusiones o porque estaba apurado. Si ustedes nunca se han callado, yo les creo: los felicito y los aliento a que sigan así.

Si encienden la televisión en horario estelar, no creo que tarden mucho en toparse con un supuesto programa de entretenimiento dispuesto a lo que sea por el ráting. Hagan un esfuerzo y quédense un rato en ese canal (que será un canal de señal abierta, se los aseguro). Verán que el programa apela a estereotipos y difunde prejuicios racistas en busca de la risa fácil. En busca de la carcajada burlona, en realidad, esa que no surge del entretenimiento, sino del alivio de ser el agresor y no la víctima. Si ustedes nunca han seguido o siquiera han visto uno de esos programas, también les creo: les pido, por favor, que comenten a sus amigos que sí los ven (imagino que, al menos, conocen a alguien que sí los ve) el tremendo daño que estas series, concursos, seudocomediantes y demás le hacen a toda la población, sobre todo, a los niños.

Recuerden el colegio, cuando alguien llegaba al salón y trataba al resto con los mismos insultos que escuchaba en la calle o las burlas que veía en la televisión. Entonces todos nos reíamos. Ya fuese solo por seguir al grupo o para que no se rieran de nosotros, pero nos reíamos. Si ustedes nunca lo hicieron, si ustedes nunca siquiera estuvieron ahí, por supuesto, sí, yo les creo (los envidio, ciertamente). Hagan con sus hijos lo mismo que mis padres hicieron conmigo a tiempo: estén atentos y orienten. Por más que los cuiden, el racismo va a querer colarse por alguna rendija. Va a querer pasar como una inocentada “sin intención”.

Así como de buena fe yo les he creído todo, ahora les pido que confíen en mí. Todo esto que les cuento es verdad y sucede a cada rato. No me lo estoy inventando: vivimos en una sociedad racista. Si eso antes los “sorprendía” o les parecía “inconcebible”, una vez más: yo les creo. Pero ya no perdamos más tiempo. Para que el racismo no nos vuelva a “sorprender”, de una vez por todas, hay que entrar en alerta como sociedad y mostrar nuestro rechazo permanente a esos prejuicios idiotas que, aún hoy, pretenden dividirnos.

* Escritor, periodista cultural y docente universitario. Publica regularmente cuentos y artículos de opinión en revistas impresas y virtuales. Su primera novela, “Sonata para kamikazes”, obtuvo el XIII Premio BCR de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro y fue elegida como uno de los mejores libros del 2010.

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