EN EL CLARO DE LA LUNA

Entrevista a Alexandra Graña

 

 

 

Eduardo Marchena Siverio

Imágenes de Ricardo Campana Wissar

 

Su presencia en varias de las telenovelas más recordadas de los últimos veinte años la ha convertido en uno de los rostros más conocidos de la pantalla chica, donde ha paseado su talento y belleza desde muy pequeña. Aprovechamos su paso por las tablas del Teatro Británico para robarle algunos minutos de su tiempo y complacer como se debe a su gran legión de leales admiradores. En esta oportunidad, Alexandra Graña se pone bajo la piel de a Frankie, una camarera que deberá poner a prueba su decisión de nunca más volver a enamorarse durante una noche que podría marcar su vida para siempre.

 

Si tuvieras que elegir una palabra para definir a tu personaje, ¿cuál sería?

¿Qué palabra elegiría? Yo creo que sería como… desilusionada.

 

Muy bien. Ahora, en la cantidad de palabras que prefieras, preséntamela…

Frankie es una mujer que se está acercando a los cuarenta, más o menos. Ha dejado de creer en el amor. Ha decidido no enamorarse nunca más, porque ha sufrido muchísimo. Es una mujer que no espera nada de la vida. Simplemente,  la vida pasa por ella.  Todo cambia cuando conoce a Johnnie. Él viene a proponerle algo completamente diferente que ella rechaza desde un inicio.

 

Lo me llama la atención es que esta relación tiene mucho de pugna, de pelea…

¡Claro! Lo que pasa es que la acción principal consiste en convencerse mutuamente. Él está convenciendo de que ella es el amor de su vida y ella lo está convenciendo de lo contrario.

 

¿De lo contrario?

De que el amor no sirve, de que se vaya. Durante la obra, hay muchos momentos en que ella le dice “ya vete”, pero el tipo no se va. Entonces, la chica empieza a creer que está tratando con un tipo completamente loco y él, igual, insiste en convencerla.

 

Es un personaje cuyo conflicto es la posibilidad de volver a creer en una ilusión. Se resiste a eso.

Se resiste completamente, porque para ella el que se enamora sufre y ella no quiere sufrir más. Aparte, ha tenido una relación antes que la ha marcado de por vida. Entonces, no quiere. Creo que es bastante normal.

 

De hecho, es bastante común…

Claro. Yo he tenido algunos amigos y amigas que, simplemente, tienen pánico a enamorarse de nuevo.

 

Y lo que vemos es cuánto de pelea, de pugna, de rivalidad puede tener una relación que es, teóricamente, lo contrario…

Claro. Lo interesante en esta obra es que todo ocurre en una noche. En una sola noche, él tiene que convencerla de que es el amor de su vida. Es una tarea difícil.

 

Los diálogos tienen riqueza argumentativa…

Se están conociendo esa noche pero ellos ya se conocen del trabajo. Él la ha estado viendo. Él la ha observado. Ella también lo ha observado a él, pero en esta noche es cuando empiezan a intercambiar todo lo que intercambian.

 

Para efectos prácticos, tratándose de un elenco de dos actores, es una obra en la cual el 50 % del trabajo recae en ti.

Sí. Tengo el 50 % de responsabilidad en esta obra.

 

Tú, por lo general, trabajas en televisión, no tanto teatro.

Sí. Hago poco teatro.

 

¿Y qué tal la experiencia sobre las tablas?

A mí me encanta mucho el teatro. En la televisión me siento como en mi casa. Me fascina hacer televisión. No hago mucho teatro porque no me gusta hacer las dos cosas al mismo tiempo. Entonces, si me das a escoger, prefiero hacer televisión. Pero, para mí, el teatro es completamente enriquecedor. Además, tener contacto directo con el público es algo que, definitivamente, la televisión no te da y que a mí me encanta. Me parece que a nivel profesional me da muchísimo, me enriquece muchísimo, aprendo muchísimo y más con un actor como Sergio Galliani.

 

Bueno, ustedes siempre han tenido buena química…

Sí. Tenemos buena química, gracias a Dios. Si no, en una pareja, es difícil hacer una obra como esta.

 

¿Hay algo que sientas que hayas aprendido en tu experiencia en  televisión que te haya servido para el teatro?

Naturalidad.

 

Por lo general, cuando converso con actores que están alternando televisión y teatro, dicen que la televisión te ofrece la inmediatez, el training constante.

Sí, claro. Lo que pasa es que yo empecé muy chiquita en la televisión, a los once años. Realmente, la televisión es como mi casa. La televisión te da cierta naturalidad que puedes llevar al teatro y que funciona para obras como ésta, en la que se da una conversación de dos personas que tiene que ser natural.

 

No hay tiempo para descansar. No hay otras escenas

No, y lo rico de la televisión es que vives un personaje todos los días. Siempre es algo diferente. Lo rico del teatro es que sobre esa estructura, que es el guión, puedes proponer cosas diferentes todo el tiempo. Yo creo que las dos cosas tienen su encanto.

 

Si tuvieras que quedarte con un rasgo en el estilo de trabajo de Vanessa Vizcarra, la directora, ¿cuál sería?

Cómo tiene las cosas tan claras. Trabajar con ella es maravilloso porque tiene las cosas clarísimas. Es súper disciplinada, súper empeñosa, estudiosa. Cualquier cosa que le preguntes ella te la puede contestar. Es súper detallista. No se le descuida ni un solo detallito.

 

Una profesora…

Sí. Yo, con Vanessa, trabajo a ojos cerrados. Ni siquiera le cuestiono nada. Cierro los ojos [risas].

 

He leído que Sergio y tú vieron la película, la de Al Pacino y Michelle Pfeiffer…

Sí, yo no la había visto. Acepté hacer esto y después vi la película.

 

Ponerte en el lugar Michelle Pfeiffer puede ser motivador y, al mismo tiempo, intimidante…

Aterrador...

 

Te pediría que me digas qué fue lo más motivador y qué fue lo más intimidante…

Lo intimidante es que la gente tiene la imagen de Michelle Pfeiffer en la cabeza.

 

Y comparan…

Claro, inevitablemente, te comparan y te dicen “ah, bueno, la película era con Michelle Pfeiffer”.

 

¿Algo motivador?

¡Que lo hizo Michelle Pfeiffer! [Risas]. Me encantó la naturalidad con la que manejó el texto toda la película. Me pareció tan cotidiano, tan natural. Eso me encantó.

 

¿Hay algo que consideres admirable o con lo que te sientas identificada en este personaje?

No. No es que no encuentre algo admirable. Este personaje y yo tenemos historias completamente diferentes.

 

Me parece que en otra entrevista dijiste que todavía crees en el amor…

Yo todavía creo en el amor. Gracias a Dios, me ha ido bien. No he tenido una historia como la que ha tenido Frankie. No me siento tan identificada, en realidad. Un aspecto admirable de ella es que, a pesar de todo lo que ha pasado, hay momentos en los que se deja llevar y se arriesga un poquito. Retrocede, pero se arriesga…

 

Te voy a mencionar algunos nombres. Dime lo primero que pase por tu mente…

 

Sergio Galliani

Actorazo.

 

Vanessa Vizcarra

Una súper directora.

 

Javier Valdez

¡Mi papá! [Risas].

 

Él interpretaba a tu papá en Eva del Edén, ¿verdad?

Sí [Más risas].

 

Finalmente, ¿cuál es tu próximo proyecto?

Todavía no estoy segura de para dónde me voy a ir…

 

¿Existe alguna rama de las artes escénicas que no has explorado y te gustaría experimentar?

Cine…

 

Finalmente, ¿qué consejo le darías a un actor o actriz que recién empieza su carrera?

Es una carrera difícil, pero maravillosa y lo más importante de todo en esta carrera es la disciplina. Eso es lo más importante.

 

 

ARGUMENTO:

 

Frankie (Alexandra Graña), es una mujer de mediana edad, soltera, que trabaja de mesera en una cafetería en la ciudad de Nueva York durante los años 80; Johnny (Sergio Galliani), un ex convicto que ha cumplido una condena por estafa, encuentra trabajo de cocinero en el mismo lugar. Por un tiempo, se miran a lo lejos, interesados el uno en el otro, pero sin animarse a dar el primer paso. Finalmente, tienen una cita y terminan en la casa de Frankie. Johnny se convence de que esa mujer es la que debe quedarse con él para siempre, pero ella, más acostumbrada a las relaciones cortas y sin mucho  amor, espera que él se vaya, pero no sucede. No sabe cómo relacionarse con este hombre duro e intenso que le habla de matrimonio e hijos en la primera cita. ¿Se rendirá ante el amor?

 

FICHA TÉCNICA:

 

Estreno: sábado 08 de febrero

Elenco: Alexandra Graña y Sergio Galliani

Producción: Británico

Dirección: Vanessa Vizcarra Soberón

Temporada: de jueves a lunes a las 8:00 pm

Lugar: Teatro Británico (Jr. Bellavista 257, Miraflores)

Entrada general: General S/. 60 - Jubilados S/. 40 -  Estudiantes S/. 30

Lunes populares: General S/. 45 - Jubilados S/. 25 Estudiantes   S/. 20

 

Venta de entradas en Teleticket de Wong y en la boletería del Teatro Británico

Informes: 615-3610

Playa de estacionamiento: Central Parking: Wong del Malecón Balta - Los Portales: Malecón Balta / Bellavista

 

 

Palabras de la directora:

 

Parece tan sencillo, pero resulta ser una de las decisiones más complejas y difíciles que puede hacer el ser humano. Una auténtica lucha, con el otro y con uno mismo. Quizás porque muchos empezamos creyendo en el amor como una fuerza tremenda e irremediable, algo así como un tsunami, que nadie espera y que a su llegada transforma todo, que arrasa con la realidad tal cual la conocemos. Una ola inmensa, incuestionable, imparable, incontrolable. Y con esa creencia nos ahogamos una y otra vez, incapaces de ganarle a tremenda fuerza de la naturaleza.

Frankie y Johnny se han ahogado varias veces. Su mundo ha sido destruido y reconstruido varias veces y ya levantaron las murallas necesarias para que la ola no pase. Y es que eso hacemos porque hay que sobrevivir. Pero en su encuentro pasa algo casi “mágico”. El amor se les presenta como una opción distinta, siempre y cuando ellos se comporten de forma distinta también, y ahí está la decisión: mantener las murallas o bajarlas y dejar que entre la ola, confiando, creyendo, en que serán capaces de comportarse de otra manera. Teniendo fe en que esa fuerza inmensa e incontrolable pueda ser, también, benigna y positiva. Sea tal vez porque sus nombres irán siempre juntos en una antigua canción o porque la lista de cosas que tienen en común crece hasta parecer milagrosa; Frankie y Johnny están destinados a estar juntos, o al menos eso deciden creer.

Un cuento de anti-hadas sobre un amor corriente y humano. Una historia simple y sencilla, una situación común que no termina en “vivieron felices para siempre”. Dos personas que no son príncipes, ni azules, ni héroes, sino todo lo contrario; son tan perdedores y fallidos como cualquiera: como tú, como yo.

 

Vanessa Vizcarra Soberón

 

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