la eternidad de una esquirla.

-una obra sin telón-*


 

Para Brenda Teruya,

mi constelación favorita,

mi destino,

mi sonrisa más profunda.

 

(la historia está sucediendo, el lugar somos nosotros. no hay un narrador que hile el desencuentro, solo un golpe al no encontrar nuestros brazos)

 

b. dice: si pudiera dejar en la pared que circunda tu cama,

un maullido roto

la huella de las plantas, de mis pies,

si pudiera una vez más, hundirme en tus zapatos y besarlos como lo haría con el agua, si no existiese la palabra perdón sino los siete corazones que cargas y la faz de la melancolía

 

a. dice: (piensa en BATman)

entonces los mandiles flotarían en el aire como lo hace la luna

y vería en tus ojos los reflejos de la perfección:

rasgados por el sol

gigantescos como el sol.        

 

b. dice: la luna es un paisaje de vainilla, deslumbra el tiempo de las cortezas y me prometes sin escudos, con el brazo izquierdo, anegada e interminable, un jardín de puertas, de escaleras como ciénagas. insistes. mi cuerpo murmura cielos y mares

 

(última necesidad de dos: una caja fuerte para guardar nuestra piel desnuda, para que no se pierdan nuestros números.  última canción de fuego)

 

ahora juntas los puntos de tu herida, no sabes coser,

gravemente tus piernas se levantan

veo tus huesos porque los puntos no existen, no sabes coser,

y ambas, desde tu médula hasta la mía

dejando huellas en casa, en mi único refugio,

palpamos la rutina de los días, cocinar: solamente tomates, cebolla rota en varias partes, un pollo luminoso mil veces muerto, o quizás pescado cogido de raíz; camas y ojeras por el rostro de las clases donde solo existe la palabra destino y se repite como detenida y triste, detenida, percibiendo el barro en su contorno, you are my favorite word of art  /  you are my favorite word of art

 

a. dice: tu boca descifra mis santos,

y las velas que pensaste que eran amarillas, eran solo de noche.

el alfabeto, tu casa que se come las señales, las luces

 

 

 

- silencio -

 

 

 

el sonido rompe las ventanas, y tu voz

climas desbordados, el hueco en un cuadro como en una balsa,

los remos pesan y el viento abrasa llegando a una palabra

al invisible manto de estampas.

 

b. dice: el paisaje de tus manos son el principio de toda superficie. y las caracolas de la orilla, de improviso hacen el nombre de un grito.

 

a. dice: las promesas son realidades: la envidia asentada en los párpados de los que se atan los pies para acariciar un rostro alargado por la pena,

por la inútil fragilidad de las ruinas heridas de hielo.

y los umbrales,

encantamientos llenos de fragilidad.

 

a. dice: no recubras el origen de la quietud,

eternamente esquirla, muda de ojos espléndidos ojos

vuelve como el caudal de tus manos

déjame tus lunares en la boca…

 

b. dice: vuelve, absorbe mi respiración, dime que sangro a disposición de tu boca, escúchame,

 

soy infeliz. apenas soporto la niebla, el carácter irritable de alguna luna llena.

 

atroz,

es atroz

un corazón aterrado que no quiere abandonar la tierra

que retiene la angustia y escapa en un taxi

en otro

que pinta un lazo rojo, dos

y una muñeca bajo las buganvillas.

el amor,

es atroz amarte.

 

a. dice: no tenemos brazos de lluvia,

sentimos el vacío en la noche cuando no estamos

y el amor no es un modo de callar la mentira de las olas cuando llegan,

mansas y llenas de centro.

 

(las despedidas son recuerdos mutuos: las cavidades que albergan el frío, lo fragmentario de la soledad, esto contundente que grita un espacio. a. y b. sujetos desentrañando un lugar)

 

diga lo que diga tu madre,

veríamos que la ropa son los disfraces

sentiríamos que el animal que ha muerto mil veces para ser comido,

somos las dos,

dispersas en territorios de ojos y tardes

 

b. dice: porque basta un minuto

porque basta que escapes y escape

porque siempre hay lados opuestos

porque tu pelo oscuro extravía al resto de gente

y yo que soy torpe,

me levanto desde que intento acostar mi cuerpo

y te recuerdo hecha de nudos diminutos

de pequeñas cavidades hundidas que acaricias contándoles historias,

adorando cualquiera sea su dolor y sed.

les hablas de las lindes del mar

de las criaturas que pueblan el fuego

luego tú y yo hablamos del infierno y no importan los botones,

los cierres

 

a.dice: no importa cuánta puerta cerrada o ventana abierta,

b.dice: no importa esa reja que me deja sin flores

tu sombra que se ríe y tu risa que

y tu risa

que

desaparece

y aparece

como la brisa,  en todas partes.

 

 

*Publicado con autorización de la autora

SOBRE LA AUTORA…

 

Andrea Cabel - García (Lima, 1982)

 

Obtuvo la Maestría en Artes (MA) con la mención en Hispanic Languages and Literatures en la Universidad de Pittsburgh. Actualmente es candidata al Doctorado en Artes y Ciencias del Departamento de Español de la misma universidad. Es Licenciada en Literatura hispánica por la Universidad Católica del Perú (PUCP), Diplomada en Periodismo Político y Análisis Cultural por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y estudiante del Diplomado en Interculturalidad y Pueblos Indígenas Amazónicos en la misma universidad.

 

Recibió la Provost Fellowship (2011-2012) en la Universidad de Pittsburgh y la Field Research Grant (2012, 2015) del Center of Latin American Studies (CLAS) de la misma universidad. Actualmente se desempeña como profesora en el departamento de Español en la Universidad de Pittsburgh.

 

Publicó reseñas crítico-literarias en diversos diarios y revistas del medio nacional e internacional. Ha publicado tres poemarios: “Las falsas actitudes del agua” (1 edición 2006, 2da edición, 2007; México DF., 1 edición 2014), “Uno rojo” (2010, 2011), y “Latitud de fuego” (2011)

 

 

 

 

 

 

 

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