El mundo de Sofía

Entrevista a Sofía Rocha

 

 

Diana Díaz Vásquez

Imágenes de Ricardo Campana Wissar

 

 “Hasta que la letra se te olvide y ya no puedas pararte en el escenario y te mueres. Ahí se termina el asunto”.

 

A unos días de culminar la temporada de Las tres viudas de Manuel Ascencio Segura, en el teatro La Plaza, y bajo la dirección de Carlos Galeano, presentamos la entrevista realizada a la formidable Sofía Rocha Ascurra para descubrir más detalles sobre su pasión por el teatro y, también, sus percepciones al sumergirse en una comedia de enredos del siglo XIX, la cual retrata el imaginario social de una Lima que pugna por modernizarse, pero sin mirar más allá y pese a la absurda necesidad de legitimar inequidades en un contexto poscolonial que aún prevalece en el tiempo.  

 

Hemos visto tantos trabajos tuyos en distintos roles dramáticos y cómicos como en Calígula y en Otras ciudades del desierto, en la televisión, cine, etc. Ya te conocemos todos como la actriz consagrada, pero ¿cómo fue realmente el inicio?

El inicio fue bastante duro porque cuando yo empecé no había muchas escuelas o talleres como los hay ahora. Creo que solamente había dos talleres y la ENSAD (la escuela superior de arte dramático). Entonces, en mi familia y en el distrito en el que vivía, Jesús María, y en mi entorno, el teatro no era parte de nosotros, entonces yo no tenía muy claro donde podía estudiar, inclusive buscaba en el periódico porque no tenía idea, como no estaba en el medio, no estaba tan difundido como ahora. Había muy poco en el colegio, fue muy difícil. Cuando empecé a estudiar me lo pagaba yo misma, tenía que trabajar en otras cosas y cuando empecé a hacer teatro aun así no podía vivir de eso. Siempre he tenido que hacer otras cosas para poder sobrevivir. Así he vivido un poco el día a día, estoy acostumbrada a ver qué pasa. El futuro es siempre para mí el día siguiente o la semana siguiente.

En esta búsqueda inicial, ¿quiénes fueron tus maestros?

Empecé en Teatro del Sol, que es un grupo de teatro. En esa época, los grupos de teatro estaban de moda, ahora hay muy pocos, pero en esa época había Cuatro tablas, Magia, Yuyachkani, este grupo se llamaba Teatro del sol que era fundado por dos profesores del TUC. Solían hacer obras muy fuertes que confrontaban al público. El director decía que uno hacia teatro para incomodar al espectador. Estuve en este grupo casi dos años y medio y decidí salirme del grupo porque solamente me dirigía un director y yo quería aprender de otros y así fui cayendo en manos de otros directores con otras obras, con otras temáticas y poco a poco fui haciéndome en las tablas. Tomé el taller con Alberto Isola, que todo actor que se respeta debe haberlo tomado. He tomado cursos afuera también, estuve en Londres dos años y medio, en los cuales también tomé algunos cursos. Me ha dirigido, por ejemplo, un director ruso que vino aquí a dirigir La Gaviota de Chejov. Cuando trabajas con directores que vienen de fuera el proceso no es solo ensayar sino que es casi un taller, que es lo que pasó también con Medea y Gisela Cárdenas que venía de New York. Para mí el proceso de ensayo fue casi un taller de tres meses intensivo. Todo eso me ha nutrido.

¿Te gustaría explorar también en la dirección?

En eso estoy. Ahora enseño. Dicto en el teatro la Plaza en lo que llamo el gimnasio actoral, lo que hago es mantener ejercitados a los actores, en su escucha, en su estar presentes, en muchas cosas que los actores necesitamos. La dirección es algo que todavía no me ha picado mucho como para meterme, no sé por qué. Creo que no todos los actores deberían dirigir. Creo que uno debe hacerlo si le gusta y eso quiere. A mí todavía no me interesa.

Y ahora pensando en tu personaje de la obra Las tres viudas, ¿cuál fue el proceso creativo para construirlo?

Carlos Galeano que es el director nos ha guiado bastante, es un director que guía mucho, te lleva a donde él quiere. Ha sido un proceso bastante revelador para mí este mundo de cascaron en el que hemos visto a veces que se queda, pero a través de la mano de Carlos hemos podido encontrar una especie de rio profundo que corre a través de ese cascarón que vemos. Este personaje que es así y asá, tiene otros momentos donde se desgarra y podemos ver por qué es cómo es. Yo tengo un momento en el que canto y en esa canción cuento la historia de mi vida, que es una canción criolla. Hay mucho que ver y mucho que descubrir en la obra.


Uno podría pensar que es la típica comedia de enredos, en la que la psicología de los personajes no está tan desarrollada.

En general, sí está la comedia costumbrista y hay esta forma de que no es natural, pero los personajes tienen pequeños momentos en los que el espectador puede ver qué pasa por dentro y por qué son así. Entonces, eso me parece muy interesante. Además, porque es una versión libre de la obra de Manuel Ascencio Segura, no es tal cual. Hay unos cambios que se han hecho para engranar.

¿Podrías mencionar esos cambios a grandes rasgos?

Por ejemplo, en esta versión de Carlos Galeano, los criados tienen escenas y nos muestran su mundo, el mundo del indio que trabaja en la casa, el negro que está como fuera y es ninguneado, y podemos entrar a ese universo a través de las escenas que tienen los criados, y en la obra de Manuel Ascencio Segura no hay escenas para ellos. Esas son una de las cosas que le dan más valor a la obra.

Finalmente, qué le recomendarías a la gente que está comenzando en esta carrera actoral, ¿cuáles serían tus consejos desde tu experiencia?

A mí siempre me hacen esa pregunta y es bien complicado porque el trayecto es muy personal. Lo único que les aconsejo es que si sienten que es realmente su pasión, que si hay una pulsión que los lleva a hacer siempre eso y nada más que eso, que lo sigan. Si es porque te gusta o qué sé yo, ya habría que preguntarse, porque esto es algo que uno hace para toda su vida, hasta que te mueras. Hasta que la letra se te olvide y ya no puedas pararte en el escenario y te mueres. Ahí se termina el asunto. Que se examinen y vean si es realmente lo que quieren hacer y si es su pasión, porque es muy difícil mantenerse y no tirar la toalla. Porque el Perú es un país que va y viene, es como una pequeña chacra en la que el presidente maneja y decide. Lo primero que sale del espectro es la cultura. Y Latinoamérica es así, es muy inestable, entonces si lo que tú haces no es tu pasión, es difícil mantenerse.        

 

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