GENIALIDAD HUMANA

Charla con Alberto Ísola

Eduardo Marchena Siverio

Imágenes de Eduardo Marchena Siverio y el Teatro Pacífico

 

Hace cinco años, charlamos con él por última vez y, desde entonces, no ha dejado de hacer gala de su maestría sobre las tablas. Artista por naturaleza, profesor por vocación y apasionado por la literatura, vuelve para protagonizar, sobre las tablas del Teatro de la Universidad Pacífico, La Terquedad (Rafael Spregelburd), una singular historia sobre la incomunicación humana narrada audazmente desde tres perspectivas distintas durante el último día de la guerra civil en España. En esta oportunidad,  se pone bajo la piel de un excéntrico comisario inventor de un misterioso lenguaje universal.

Luego de esperar formado en una larga fila de periodistas, llegado mi turno, Alberto decide iniciar nuestra entrevista él mismo:

¡Cómo habrás sufrido!

¿Perdón?

Por la espera [hace un ademán para señalar la nueva fila de periodistas que acaba de formarse, esta vez, detrás de mí]

Llevo casi 10 años en esto. Nada me hace sufrir sobre las tablas de un teatro [reímos]. ¿Podrías definir a tu personaje en una sola palabra?

En una mezcla curiosa, porque es un fascista y, al mismo tiempo, un visionario que quiere reordenar el mundo, pero a la vez tiene una visión algo demencial. Es un fascista, pero tiene una visión crítica del fascismo. Es un personaje extraño. Si tuviera que definirlo con una palabra, diría inconforme o inquieto.

¿Qué fue lo que más te llamó de esta puesta para decidir integrarte al elenco?

Principalmente la obra. Soy un admirador de Spregelburd. Lo he seguido mucho y esta obra me parece la más difícil de todas. Si no tomas riesgos, ¿qué sentido tiene este trabajo? Me gustó el equipo de gente…

Me gustaría escuchar una breve descripción de la historia en tus palabras…

Todo sucede en Valencia durante el final de la guerra civil española. Allí, tenemos a este comisario de policía y lingüista, quien se encuentra creando un lenguaje nuevo llamado Katak. Alrededor de esto, en el final de la guerra, se da una serie de situaciones que, como en toda obra de Spregelburd, trasciende la frontera entre lo real y lo irreal, lo cómico y lo trágico. El centro de la obra es este hombre que intenta escribir o crear una lengua común que evite los malentendidos y ordene el mundo. Pero, al final, se estrella con la realidad, que el mundo no tiene sentido…

Un idioma universal implica libertad y, a la vez, control…

Exacto, y esto le genera conflicto con el esperanto, quiere que su idioma prevalezca. Además, esto es real. A Rafael Spregelburd le regalaron un manual escrito por un comisario de policía valenciano que inventó un lenguaje…

¿En serio?

Sí, claro, es un caso real.

¿Y han revisado textos de historia de la época?

Por supuesto, hemos visto películas y revisado algunos libros. A mí, en particular, me gusta esa parte de la historia universal. Fue un trabajo de exploración grande.

Es una época particularmente difícil para la historia de España y también para la historia universal…

Y él es un fascista convencido, perdió a un hijo en la batalla del Ebro, pero poco a poco se va a dar cuenta de que lo que va a pasar con Franco no es lo que él quiere.

Tenía entendido que Franco no era un fascista convencido, sino que se apropió de las ideas fascistas como apoyo para legitimar su propia figura, llenar su propio vacío ideológico…

Por supuesto. Los fascistas de convicción detestaban a Franco, los que eran un poco más reflexivos, como el protagonista, que tiene una visión progresista del mundo…

¿Cuál, dirías tú, es el rasgo característico del director?

Me he sentido como me gusta sentirme cuando me dirigen, libre y exigido a la vez, porque las dos cosas son importantes. Te deben dejar en libertad, pero en algún momento te tienen que decir, por acá no. Sergio [Llusera] es muy preciso, detallista.

Te voy a mencionar algunos nombres. Por favor, dime qué es lo primero que pasa por tu mente…

Sofía Rocha 

Yo le digo Sophie [risas]

Suena bien…

Ha sido mi alumna y también mi compañera de muchos años, y ese nombre la describe. Tiene un humor ácido y delicioso que la hace ser, además de una gran compañera, una gran amiga.

Óscar Meza

Acabamos de hacer una obra juntos. Él también es un compañero entrañarme. Lo que me gusta de él es su tranquilidad y su capacidad de juego.

David Carrillo

Es de la vieja guardia, alguien con quien me gusta mucho hablar de teatro. Fue mi alumno en uno de los primeros talleres que hice.

Jely Reátegui  

Hicimos una obra llamada Incendios. Es alguien a quien quiero mucho. También ha sido mi alumna. Me encanta su valentía para enfrentar las cosas, una valentía que a mí me gustaría tener…

¿Llegaron a ver la película de Incendios?

Por supuesto, me encantó. Además, me sorprendió enterarme de que estaba basada en una obra de teatro. Yo siempre me quedo hasta el final para ver los créditos.

Yo también la vi sin saber que era una obra de teatro…

Después leí la obra y también me gustó, aunque las dos son muy distintas. La película fue hecha por un director muy interesante, el que dirigió La llegada. No sé si la viste…

Claro. Él va a hacer la adaptación de Dune…

Sí…

Y veremos qué pasa...

Dune, no sé. David Lynch fracasó al hacerla…

¡Y Jodorosky, por Dios!

Tampoco pudo…

Finalmente, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy en tres proyectos. Uno es testosterona, de Sabina Berman Sabrina, en el Teatro de Lucía. De allí, estaré en La tempestad, de Shakespeare, dirigida por Roberto Ángeles. Haré de Próspero. De allí haré La historia de un soldado, de Stravinski. La obra fue diseñada para un público joven.

 

 

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