BAJO LA MÁSCARA DEL VILLANO

Charla con Alfonso Santistevan

 

Eduardo Marchena Siverio

Imágenes de Eduardo Marchena Siverio

 

 

El destacado actor regresa a las tablas del Teatro Británico para una nueva puesta en escena bajo la dirección de Roberto Ángeles, La tempestad, una de las más enigmáticas obras del insigne William Shakespeare. Bajo la piel de Antonio, un ser sin escrúpulos que conspira contra su propio hermano para usurpar el Ducado de Milán, comparte roles con Alberto Ísola y un sólido elenco de figuras reconocidas. Nuevamente como villano, nos demuestra una camaleónica versatilidad en escena.

 

Si tuvieras que definir a tu personaje en una sola palabra, ¿cuál sería?

Traidor.

 

Ahora en la cantidad de palabras que prefieras, preséntamelo.

Antonio es el hermano de Próspero, quien la quita el ducado, un traidor, alguien que le hace un golpe de estado y le usurpa el ducado de Milán. Además, no contento con eso, envía a Próspero y su hija en un barco a naufragar, para perderse.

 

Como una ejecución

Así es, prácticamente eso. Parece que es algo que se hacía en la época. Y por esas cosas del destino, Próspero naufraga en esta isla fantástica, donde vive doce años y aprende una serie de cosas de magia, que le permiten hacer que el barco en donde está Antonio, el Rey de Nápoles, naufrague. Entonces, intentará cobrar venganza y volver a recuperar su reino o ducado.

 

¿Cuál fue la principal razón de tu decisión de embarcarte en este proyecto?

Mira, en realidad, yo he trabajado muchas obras con Roberto Ángeles. He trabajado otros textos de Shakespeare. Me gusta mucho esta obra y no se hace muy frecuentemente. Tenía que embarcarte en el proyecto de todos modos. Además, hay una razón sentimental. Hace treinta años, yo participé en el montaje que hizo José Antonio Mavila de La tempestad en este mismo teatro. Me pareció curioso que, de pronto, treinta años después haya la posibilidad de hacer la misma obra. Es una cosa un poco sentimental, pero bueno está ahí.

 

¿Qué cambios sientes?

La versión que hizo Mavila fue la de Augusto Boal, que es distinta, una versión,  si se quiere, más política en aquel momento. Claro, y acá hay como más recursos. Aquel montaje que hicimos con Mavila fue un montaje muy minimalista, digamos que igual de exhaustivo y entusiasta que este, pero con otra concepción estética por decirlo así. No había estos elementos escenográficos. Era todo cámara negra muy simple.

 

¿Y, en tu percepción de la obra, sientes que algo ha cambiado en estos años?

Bueno. Creo que el mundo ha cambiado. Digamos que con un clásico como este pasan los años, tú lo vuelves a hacer y sientes que otra es la sensación, otro es el sentido que adquiere. Creo que hace treinta años el mundo era otro, y yo era otro obviamente, en el sentido de que creo que todavía era un mundo de utopías. Era un mundo en el que podías leer esta isla de Próspero como una isla de utopía. Hoy no existe eso. Esa lectura se canceló de alguna manera y estamos en una lectura mucho más pragmática del asunto. Creo que la gente que hoy va a ver esto no es la misma gente que la vio hace treinta años, definitivamente.

 

Pienso en este personaje de Calibán, que es como la gran otredad. Últimamente, me parece, o me da la impresión, que como que va adquiriendo mayor presencia este tema del otro. Se dice que Shakespeare había pensado en la palabra caribbean pensando en América, pensando en la gran otredad. Se dice que incluso pensaba en la palabra caníbal,

 

A mí me sonó como “talibán”…

Suena como talibán.

 

Con respecto a la realidad peruana, si quisieras darle una lectura “política”, ¿existe esa posibilidad?

Mira, yo creo que estamos un poco políticamente alejados hoy de lo que pasa en la época de La tempestad en términos de ducados y reinados, etc. Sin embargo, el tema de la traición, golpes de estado entre hermanos, es un tema que siempre está vigente. Ahora, en términos del Perú, volviendo a lo que tú decías, lo de la gran otredad, creo que el personaje de Calibán, es interesante,  porque también nos enfrenta a nuestras otredades en el Perú. Cuán otros somos nosotros mismos. Creo que nos enfrenta con eso y, en ese sentido,  podríamos ver la obra de Shakespeare como una obra políticamente muy incorrecta, en términos de cómo se ve al otro. Plantea el tema, lo pone sobre la mesa. Eso es lo interesante de la obra.

 

Alberto y tú son amigos de toda la vida. Ahora, hacen de enemigos…

Mira, con Alberto trabajo desde hace muchos años, desde la escuela de teatro, año 72. Hemos trabajado juntos como actores en Art, El mercader de Venecia,  La rebelión de los chanchos. Él me ha dirigido a mí, yo lo he dirigido a él y es la primera vez que trabajamos en una relación de hermanos.

 

Y hermanos antagonistas

Hermanos antagonistas. Yo no he tenido, que recuerde, muchos personajes, así de antagónicos y en este caso hago un poquito del “malo” de la película. Te confieso, a mí no me gusta hacer de malo...

 

¿En serio?

No [risas]. Lo he hecho varias veces. Hice el papel de Queensberry en Actos indecentes, o sea, el enemigo de Oscar Wilde. Hice de Creonte en Antígona, que es un poco el malo de la película. No es que me encante, no.

 

Entonces, no eres del grupo que dice que los villanos se divierten más…

Para nada. No es que no he tenido oportunidades de ser antagonista. Con Alberto, siempre es un placer trabajar. Es como muy de igual a igual. Creo que somos una misma generación. Incluso con Roberto, somos casi de la misma edad y tenemos una experiencia común. Claro, lo interesante en este caso es que somos dos mayores y el resto del elenco es bastante menor. En La tempestad hay un encuentro con gente muy joven. Algunos de ellos han sido alumnos nuestros.

 

Hay un intercambio muy interesante…

Muy interesante, yo creo que es muy interesante.

 

Te voy a mencionar algunos nombres. Dime lo primero que pase por tu mente. Empezamos con Roberto Ángeles.

Un amigo, con quien he trabajado mucho y, además, con quien me divierto mucho, una persona muy divertida con mucho sentido del humor.

 

Gonzalo Molina…

También he trabajado con Gonzalo varias veces. Me parece un muy buen actor.

 

Eduardo Camino…

He compartido escenas varias veces con él. Este año, me ha tocado trabajar con él acá en una obra. Es muy buen compañero, muy talentoso. Además, en este caso, ha hecho la escenografía.

 

Mariana Sheen…

La única mujer del elenco, con Maria Hernanda he trabajado una sola vez, hace muchos años. Era casi una escolar. Hicimos Las brujas de Salem, con Juan Carlos Fisher, en La Plaza. Allí tuve la oportunidad de conocerla. Y después ella se fue a estudiar y trabajar a Europa. Y, claro, para mí es un reencuentro con ella muy agradable.

 

Alberto [Ísola]…

Alberto es un gran amigo. Creo que es una persona no solamente talentosa, sino que tiene una enorme curiosidad y necesidad de teatro. Eso me encanta. Comparto desde hace muchos años ese interés por el teatro que va más allá de lo que uno haga o no haga y el éxito que uno tenga o no tenga. Un interés por descubrir cosas nuevas, por enseñar, que compartimos en la universidad también. Creo que Alberto es inagotable. Siempre está muy movido por lo nuevo.

 

Finalmente, si tuvieras que darle un consejo a un actor o actriz que recién inicia su carrera, ¿cuál sería?

Voy a decir algo que parecería un lugar común, pero yo creo mucho en eso, más ahora. Yo creo que uno tiene que hacer lo que su corazón dice. Un artista no puede hacer cálculos. Tiene que lanzarse, hacer lo que realmente siente que tiene que hacer.

 

¿Algo en particular que sientas que el teatro le haya aportado a tu vida?

Es que no puedo distinguir entre mi vida y el teatro. Para mí es el mismo camino. He hecho muchas cosas y hago muchas cosas en mi vida aparte del teatro: la enseñanza, la publicidad, hago cine y televisión. Creo que el teatro es como mi vida. Es lo que te podría decir.

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