LA BATALLA DE LAS TORMENTAS

A propósito de La tempestad, sobre las tablas del Teatro Británico

 

 

Eduardo Marchena Siverio

Imágenes del Teatro Británico

 

La guerra de los simples mortales contra la furia de un poder superior es el punto simbólico de partida para la puesta en escena de una historia que, desde sus diálogos iniciales, nos confronta con la insignificancia del individuo enfrentado a un mundo ante el cual se encuentra desnudo, indefectiblemente vulnerable (o permanentemente  vulnerado).

 

La última obra escrita por William Shakespeare, bajo la dirección de Roberto Ángeles, es una audaz puesta en escena con Alberto Ísola en un rol protagónico integrado a un  elenco de primera línea con actores de la talla de Alfonso Santistevan, Fabrizio Aguilar y Gonzalo Molina. Junto a ellos, Andrés Salas, Eduardo Camino, Rodrigo Palacios, Renato Rueda, Alejandro Guzmán, Gabriel González, Italo Maldonado y Mariananda Schempp comparten un intenso trabajo de desplazamientos dentro (y fuera) del escenario bajo luces o penumbras que construyen atmósferas de tensión creciente.

 

Una isla desierta en la que Próspero, duque de Milán, naufraga luego de ser víctima de un complot se convierte en escenario de una revancha. Allí, rodeado de personajes mágicos y junto a su hija adolescente, ha aprendido a dominar las artes más oscuras de la magia (pero no su sed de venganza). Una tempestad pone a sus enemigos en el mismo lugar en el que él se ha vuelto amo de Ariel, el genio del aire, y de Calibán, un esclavo que desafía los límites entre el mundo terrenal y el espiritual. Las viejas cuentas pendientes entre los padres parecen condenar también a los hijos, pero estos últimos, a su vez, parecen estar destinados a terminar, a través de su amor, con el odio imperante en el mundo.

 

El contraste entre la tosca pintura facial de los habitantes de la isla (una evidente alusión a mundos tribales) y la fina vestimenta de los recién llegados no parece apuntar únicamente a enfatizar el mero choque de un mundo “salvaje” con su contraparte “civilizada”. En en el desarrollo de los diálogos, se deja notar lo (dolorosamente) similares que pueden ser las personas más allá de sus diferentes experiencias de vida. El tratamiento de la historia apunta a conectarnos con las pulsiones más básicas del ser humano, todas ellas desatadas en un entorno que pone a prueba el temple de los personajes de modo que las relaciones de poder propias del mundo colonial esclavista ponen en evidencia cómo la intolerancia puede transformarse  en  perdón y redención.

Palabras del director:

 

La Tempestad probablemente fue escrita en el año 1611 y presentada por vez primera ante el rey James I el 1 de noviembre de ese mismo año. La Tempestad es la última pieza teatral escrita en solitario por su autor y por tal razón se especuló sobre el carácter testamentario de esta obra identificando a su protagonista, Próspero, con la del poeta creador de la obra William Shakespeare. Se reconoce en ella temas y figuras dramáticas tratadas en sus obras anteriores: naufragio, familiares separados, lo sobrenatural, deidades en escena, el contraste entre el pensamiento de una generación mayor y la pureza y honestidad de una generación joven, confusión en el tiempo, reconciliación y consecución de la felicidad a raíz del amor, y una atmósfera mágica; quizá por estas razones los estudiosos de Shakespeare, Vicente Molina Foix y Harold Bloom, coinciden en denominar a esta obra más que como una comedia, un romance. Según la estudiosa Frances A. Yates, el personaje de Próspero estaría inspirado en el mago John Dee, persona controvertida de la corte de la reina Isabel de Inglaterra.

 

Harold Bloom señala: “La memoria juega un rol importante en la obra; nos deben decir, y los personajes deben recalcar, qué sucedió en la historia que no es representada en escena; suelen ser obligados a recordar el pasado, y nuestras mentes viajan con las de los personajes para que, paradójicamente, seamos más conscientes de los efectos del tiempo y su importancia en esta obra a diferencia de otras en las cuales el transcurso del tiempo sí es representado en escena”. La versión original completa de La Tempestad, dura 3 horas, que es exactamente el tiempo que transcurre en la ficción. Entre otros contenidos La Tempestad nos deja a través de Próspero la reflexión sobre la similitud entre la realidad y la fantasía en uno de sus monólogos de la obra: “Estos actores, como había prevenido, eran espíritus todos y se han disipado en el aire, en el seno del aire impalpable; y a semejanza del edificio sin base de esta visión, las altas torres, cuyas crestas tocan las nubes, los untuosos palacios, los solemnes templos, hasta el inmenso globo, sí, y cuanto en él descansa, se disolverá, y lo mismo que la diversión insustancial que acaba de desaparecer, no quedará rastro de ello. Estamos tejidos de idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño”.

 

Adaptación de Alonzo Aguilar y Roberto Ángeles

Temporada: de jueves a lunes a las 8:00 pm

Lugar: Jr. Bellavista 527, Miraflores

Venta de entradas:
General S/ 60 - Jubilados S/ 40 - Estudiantes S/.30

Lunes populares S/ 45 - Jubilados S/ 25 - Estudiantes: S/ 20

 

De venta en Teleticket y en la boletería del teatro

 

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