SOBREVIVIR

Charla con Alberto Isola

 

 

Eduardo Marchena Siverio

Imágenes de Ricardo Campana Wissar

Transcripción de Oscar Bocanegra Bravo

 

 

El Teatro de Lucía nos vuelve a recibir con la generosidad de siempre para una entrevista extendida con un indiscutible referente de las artes escénicas peruanas. Sobre sus tablas, Alberto Isola, actor, director y docente de primera línea, se pone al mando de La piedra oscura, de Alberto Conejero, una intensa historia de confrontación entre un prisionero republicano y su carcelero franquista, ambos testigos de una guerra fratricida que desgarró el corazón de España abriendo heridas que, para muchos, nunca cerrarían.         

 

Creo que ya sabes lo que te voy a preguntar. Si tuvieras que definir esta obra, este proceso, en una palabra, ¿qué palabra elegirías?

 

La palabra que más he usado en los ensayos, bueno, no es una palabra, es una expresión, una frase…

 

¿Qué frase?

 

“Pasa algo que no tendría que pasar”…

 

Cuándo sucede lo que, convencionalmente, consideramos imposible

 

Es lo que me gusta de la obra, que pasa algo donde todo está en contra de que pase y, sin embargo, pasa. Este encuentro entre estos dos personajes tan distintos es lo que más me atrajo.

 

Son portadores de discursos opuestos.

 

Claro, pero uno más que otro, porque uno es un hombre convencido y el otro es un chico de diecisiete o dieciocho años que intenta hacer suyo un discurso.

 

Imagino que han hecho algún tipo de modificación en el texto original…

 

Yo me he tomado una licencia, que es la presencia de Federico García Lorca,  dada por tres textos leídos en off. A mí, personalmente, las voces en off en teatro nunca me han gustado. En esta versión, él también es una presencia muy particular que nos parecía importante. La piedra oscura es un título extraño, un texto que aparentemente García Lorca había terminado y que se perdió. Entonces, nos parecía importante que estuviera, además de su muerte, la muerte de sus personajes y lo que quedó de él, que también es poesía y su visión del mundo.

 

Y esta obra, por lo que he podido leer, se inspira en la vida de Rafael Rodríguez, alguien muy cercano de García Lorca…

 

Es un personaje. Esta es la segunda obra que se escribe sobre él. La primera la escribió Eduardo Adriazén, en 2010, Sangre como flores, que era sobre los últimos días de Lorca, donde aparecía Rodríguez. Después, leí la obra de Jean Gibson. El personaje es real y muere exactamente un año después que García Lorca. Fue su último compañero sentimental y de teatro. Si el personaje es real, la situación pudo haberlo sido. El murió en el frente. Aquí, se plantea la idea de que fue tomado prisionero y murió fusilado.

 

Por un lado, es una obra ambientada en un contexto histórico que, en  mayor o menor medida, se tiene que respetar; por otro, el marco histórico puede ser más un simple pretexto para hablar de temas universales que van más allá de épocas específicas...

 

Todas las obras de teatrales, por históricas que sean, acaban siendo parábolas por este juego doble que tiene el teatro. Claro, esta es una obra que habla de la memoria y también sobre las distintas maneras de ver el mundo. Plantea una posibilidad que es optimista a pesar de los pesares. Yo he sido muy realista a propósito. No he querido que hubiera ningún grado de abstracción, porque siento que cuando eso pasa, cuando no eres abstracto, curiosamente eres más universal.

 

Son dos visiones totalmente opuestas políticamente, un franquista y un republicano…

 

El franquista es un chico que descubre, en su propia experiencia, los problemas del franquismo. Es un chico que es músico, pero ingresa al ejército y usa la retórica del franquismo. Evidentemente, tiene sentimientos y se da cuenta de una serie de desmanes de ambos lados, sobre todo de los franquistas.

 

Entonces, los personajes no son simples portadores de discursos o representantes de ideologías subordinados a una mera función de  recreación histórica.

 

Desde luego…

 

Recordé a tu personaje en La terquedad, un franquista, por decir lo menos, atípico…

 

Sí, claro, mucho más complejo, sofisticado…

 

Cuando se  piensa en el franquismo, tendemos a imaginar personas unidimensionales, monolíticas, fanáticas…

 

Uno piensa en Soldados de Salamina [novela de Javier Cercas]. Claro, allí es al revés. Ahí, quien está en situación de poder con respecto al franquista es un soldadito republicano. Yo siempre digo, citando a Sartre, que el infierno son los otros y creo que también la salvación está en los otros. Entonces, esta obra te deja con una pregunta, la obra no termina. La última novela que Cercas escribió también me gustó muchísimo. Se llama Monarca de las sombras. Es un libro casi “compañero” de Soldados de Salamina. Es la historia del tío abuelo de Cercas, que murió en la batalla del Ebro en el ejército franquista.  Pareciera que el mundo fuera simplemente blanco y negro, pero es mucho más complejo.

 

De todo este proceso, ¿hay alguna escena que te haya parecido, ya en tu trabajo como director, desafiante, particularmente difícil o estimulante?

 

La última me gusta, porque es una escena en la que hay como un aleccionamiento. Lo que yo he trabajado con Emanuel y con Franklin es que inclusive hay un momento en que le dice al chico “todo esto va pasar”. Yo le pedí a Franklin [Dávalos] que, antes de contestar, dude. Está muy bien escrita. Es una cosa bien pulida. Es un dramaturgo muy interesante. He leído todos sus textos. Uno de los textos que García Lorca dejó sin completar se llama Comedia sin título y Alberto Conejero ha escrito el segundo y tercer acto.

 

Ahora que estás terminando tu maestría de literatura, como lector de obras teatrales, ¿sientes que algo ha cambiado en tu conciencia, en tu manera de asimilar textos?

 

Sí, indudablemente, tuve un acercamiento a la literatura dramática como lector. Soy un lector apasionado de todo. Estoy haciendo una tesis sobre el teatro peruano entre 1917 y 1947, un periodo en el cual concretamente se intentó cambiar el teatro sin mucho éxito. Creo que voy a especializarme en teatro peruano y latinoamericano. No sé cuánto tiempo más voy a seguir enseñando actuación. Creo que también es un momento para ir pensando en dedicarme más a la investigación.

 

Alguna vez me comentaste que, al principio de tu carrera, pensabas ser escritor para poder “pintar” retratos con las palabras…

 

Sí, así es. Creo que, con los cursos que he llevado, he afianzado más esta especie de pasión por el texto teatral. Creo, además, por lo que está pasando con la dramaturgia internacional, española y latinoamericana, que en estas dos últimas décadas el teatro ha recuperado una función poética. La otra teatral se aísla, se aleja inclusive, de un realismo que, tal vez, hubo en los años anteriores, un lenguaje mucho más complejo, mucho más alejado de una reproducción cotidiana. Me parece muy interesante. Antes, la cuestión era si eras capaz de reproducir verosímilmente un discurso. Creo que eso ya es cosa del pasado.

 

Independientemente del enfoque que uno le quiera dar, es la historia de  un duelo, un choque…

 

A mí me interesan mucho las obras donde ves todo un mundo reflejado en existencias absolutamente cotidianas, anodinas a veces, anónimas. Entonces, me gustó mucho ver cómo un gran conflicto, y todo lo que significó, se encarna en dos personas, una inventada y la otra, virtualmente, olvidada. Es a través de eso que me gusta hablar del tema de la violencia, de los desaparecidos, del olvido.

 

Te voy a mencionar algunos nombres. Por favor, dime lo primero que pase por tu mente…

 

Franklin Dávalos

A mí me encanta su nivel de entrega y perfeccionismo en todo lo que hace. En ese sentido, es un actor “bailarín”.

 

Federico García Lorca

Misterio, sigue siendo un misterio para mí.

 

Emanuel Soriano

Pureza, teatro

 

Mario Ballón

Mario tiene una magia de encantamiento.

 

Lucía Irurita

Teatro con mayúscula

 

Alberto Isola

Hoy día, un sobreviviente. He venido de varios episodios difíciles, así que hoy me siento un sobreviviente.

 

Háblame de la obra que estás preparando…

Cintas de seda es una obra de [Norge] Espinosa, un dramaturgo cubano. Es muy curiosa, pues hay un encuentro entre Frida Kahlo y Sor Juana Inés de la Cruz. Frida está en el hospital y la monja que la cuida, que no habla mucho, resulta ser Sor Juana, quien ha sido condenada, como sabemos, a no seguir escribiendo. En un momento apareció la posibilidad de hacer las dos obras, en un mismo espacio, que es este hospital realista y al mismo tiempo metafórico. Claro, la violencia que sufren, tanto Frida como Sor Juana, es una violencia que tiene que ver con el género.

 

Finalmente, ¿cuál crees que sería la razón principal para venir a ver La piedra oscura?

 

Bertold Bretch dijo, y me sorprendió cuando lo leí por primera vez, que la misión principal del teatro era entretener. Me sorprendió, porque es un dramaturgo marxista que plantea que el teatro trae la revolución. La razón principal para venir a ver La piedra oscura es la misma razón por la cual uno viene al teatro, para ver una historia apasionante.



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